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análisis

Theresa May este martes tras la reunión de su Gobierno en Londres.

REUTERS / JACK TAYLOR

El Reino Unido no es Grecia, o quizás sí

Josep Martí Blanch

Todo lo que la primera ministra pueda pactar con el líder laborista, Jeremy Corbyn, no va a hacer mucha ilusión entre las filas de los 'tories' porque, forzosamente, sería un 'brexit' suave

El 'brexit' es una telenovela, una 'soap opera', como la llaman los británicos. Uno espera que los guionistas le sorprendan con un desenlace, pero nunca acaba de pasar nada. El Parlamento británico ha votado toda clase de opciones para salir del atolladero sin que ninguna opción haya aglutinado una mayoría. En medio del caos, y a nueve días del Armagedón, Theresa May se ha reunido este martes a puerta cerrada y sin testigos siete horas con su Gobierno para ver si alguien sacaba del bolsillo algo parecido a la piedra filosofal para mantenerla con vida a ella y al 'brexit'.

May ha comparecido formalmente tras la reunión para pedir auxilio a los laboristas de Jeremy Corbin y una nueva prórroga que sea lo suficientemente corta para evitar que el Reino Unido participe en las elecciones europeas. Para alguien que vive en el alambre puede decirse que se trató de un día más en la oficina.  Quien pide un bote salvavidas a Corbin es Theresa May, no el partido conservador. Todo lo que la primera ministra pueda pactar con el líder laborista no va a hacer mucha ilusión entre las filas de los 'tories' porque, forzosamente, sería un 'brexit' suave que incluya la permanencia en la unión aduanera, que es la opción que Corbyn ha defendido.  Sabiéndose muerta, independientemente de como acaben las cosas, la 'premier' busca la salvación de la mano del adversario, a sabiendas de que tiene enemigos en todas partes pero que los que le han practicado la extremaunción son los de su propio partido. Veremos qué dice la UE a esta nueva petición de prórroga.

En su comparecencia, Theresa May chantajeó emocionalmente a Corbyn como si compartieran la responsabilidad de la gravedad del momento. Y es cierto que a la oposición debe exigírsele un comportamiento responsable, especialmente en momentos críticos. Pero en puridad, a los laboristas se les puede acusar de nadar y guardar la ropa, de ambiguos y de no hacer otra cosa que lavarse las manos durante mucho tiempo. Pero quien ha metido al Reino Unido en el lodazal han sido los conservadores. La incógnita sobre si Corbyn tirará el salvavidas para rescatar al náufrago o si se limitará a tocar el violín mientras Theresa May se ahoga definitivamente no tardará en responderse.

Mandato de las urnas

La frase que más veces ha repetido la primera ministra británica desde que llegó al cargo es que tiene “la obligación democrática de hacer realidad el 'brexit' que el pueblo británico votó”. En esto hay que reconocer que actúa diferente a como lo hizo el primer ministro griego, Alexis Tsipras. Recordarán que el líder de Syriza pidió a los helenos que se pronunciaran en referéndum sobre si debían ratificarse las condiciones del rescate que les imponía la troika. El no fue abrumador. Pero Tsipras hizo caso omiso del resultado de la votación que él mismo había convocado, se comió con patatas todo lo prometido y a otra cosa mariposa.

May intenta, sin éxito de momento, cumplir con el mandato surgido de las urnas. He aquí una diferencia con Grecia ¿Quieren una similitud? Ambos gobiernos tuvieron la insensatez de prometer cosas que no podían cumplirse. Los griegos una reestructuración a su gusto de su deuda, los británicos un 'brexit' indoloro. Lo que no existe, quizás mejor no prometerlo. Ni en Grecia, ni en el Reino Unidoy, ya de paso, tampoco aquí.