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Dos miradas

Montanelli

ARCHIVO (AP)

Su indignidad al haber hecho ostentación toda su vida de la explotación sexual de una niña de 12 años que compró en Etiopía no solo lo desacredita como persona, sino también como periodista

Cuando murió, en el 2001, los elogios hacia Indro Montanelli fueron superlativos. "Italiano digno", "gran reportero y maestro de periodistas", "hombre de vida sencilla y modesta". Dijeron de él que uno de sus placeres era desenmascarar a los hipócritas y que deseaba una sociedad "tranquila y ordenada". Fue un tótem del periodismo político. Con una juventud fascista fue militar en Etiopía y luego renegó de Mussolini y fue depurado. También lo depuró, años más tarde, Berlusconi, al que combatió hasta la muerte. Un hombre íntegro. ¿Íntegro? ¿Seguro? En una crónica excelente en 'Mèdia.cat', Alba Sidera explica el pasado oscuro de Montanelli y la acción que llevó a cabo el 8 de marzo el colectivo Non Una di Meno (Ni Una Menos), embadurnando su estatua con pintura rosa. Y el revuelo que la protesta ha provocado en Italia.

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No conocía la historia. En Etiopía, adquirió (tenía derecho según las leyes fascistas) una niña de 12 años a la que explotó sexualmente. Y no solo no se arrepintió, sino que hizo ostentación de ello toda su vida. "Por razones sanitarias me la busqué virgen", declaró un año antes de morir. "Era un animalito dócil", dijo. Para Kapuscinski, el buen periodista debe ser buena persona. Llámenme ingenuo, pero también lo pienso. Y también pienso que Montanelli fue un sátrapa. Y que su indignidad no solo lo desacredita como persona, sino también como periodista.