Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La discriminación sexual en el trabajo

Sílvia Cóppulo

Periodista y psicóloga.

Sílvia Cóppulo

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

La brecha salarial y una música constante

A igual capacidad, tribunales de hombres y mujeres eligen inconscientemente antes a un hombre que a una mujer para ocupar un lugar de responsabilidad

zentauroepp47578837 190331132740

zentauroepp47578837 190331132740 / periodico

La CEOE considera que la brecha salarial entre hombres y mujeres está causada, además de por la desigual distribución de responsabilidades familiares y domésticas, por las diferencias en la tendencia a asumir riesgos y a negociartendencia a asumir riesgos y a negociar. En definitiva, las mujeres cobrarían menos, porque se ocupan del hogar y, porque cuando deben solicitar el sueldo que les corresponde, o no se atreven o lo hacen mal. Esta idea no es nueva. Las académicas norteamericanas expertas en cuestiones de género Linda Babcock y Sara Laschever han investigado el coste altísimo que tiene evitar la negociación y no pedir claramente el aumento de salario o la promoción profesional a la que tienen derecho. ('Women don’t ask: the high coste of avoiding negotiation-and positive strategies for change', 2007).

A menudo, los que evalúan, la mayoría hombres, ven a las candidatas o demasiado blandas, si siguen estereotipos feminos, o demasiado duras, si actúan con determinación

La doctora Sara Berbel, psicóloga social, especialista en género y actual directora general de Barcelona Activa, ('Directivas y empresarias. Mujeres rompiendo el techo de cristal', 2013) señala que las mujeres perciben que aspirar a tener poder es sinónimo de egoísmo y se sienten culpables. Culpables de pensar en sus deseos y necesidades profesionales y no únicamente en la familia, una conducta todavía penalizada socialmente. O bien imaginan el poder como algo destructivo, que las castigará igual que a las mujeres fuertes de los cuentos (las madrastras y las brujas).

No es fácil para las mujeres negociar bien. A menudo los que las evalúan (mayoritariamente hombres) las ven o demasiado blandas cuando siguen los estereotipos de conducta femenina sumisa o demasiado duras si actúan con determinación. Ellas se enfrentan a una exigencia más alta y, cuando se las ve competentes, no gustan. La actriz Ginger Rogers, compañera de baile de Fred Astaire, en relación a su sueldo más bajo, subrayaba su superior mérito: "Bailo hacia atrás y con tacones".

Hay tantas mujeres competentes como hombres competentes. La clave de bóveda radica en las posibilidades que las mujeres pueden aprovechar. Una buena salida a las losas que retardan la promoción profesional y el aumento salarial es crear redes profesionales formales e informales, que se apoyen mutuamente e, individualmente, adquirir una buena formación en la comunicación en público y asertiva. La necesitarán para negociar. Pero, dejadme decir que empezamos a vivir cambios positivos. Si bien la brecha salarial es más grande entre personas con más edad, con más responsabilidad directiva, en los sectores que hay más hombres y cuando el nivel de sueldos también es más alto, desde el 2010, en Gran Bretaña no encontramos diferencias salariales entre mujeres y hombres menores de 40 años, una tendencia que también observamos aquí.

Viendo que, a igual capacidad, tribunales de hombres y mujeres eligen inconscientemente antes a un hombre que a una mujer para ocupar un lugar de responsabilidad, la catedrática de Harvard Claudia Goldin, pionera en el estudio de la brecha salarial, recientemente premiada por la Fundación BBVAFundación BBVA, ha recopilado datos de ocho orquestas que contrataron los músicos sin verlos. Las audiciones a ciegas comportaron que se escogieran más mujeres, entre el 30% y el 55%. Es hora, pues, de tocar otra música constante.