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Al contado

Dos activistas con las caras pintadas con la bandera británica y la de la Unión Europea participan en una manifestación contra el  ’brexit’ en Bruselas.

EFE / OLIVIER HOSLET

'Brexiternity', 'Catexiternity' y la incertidumbre

Agustí Sala

Si no hacemos ni lo que está en nuestra mano para que la economía tire al menos en casa, podemos acabar mal en este contexto global de dudas

El otro día la profesora y directora del Departamento de Economía del IESE y consejera del Banco de EspañaNúria Mas, acuñó un término que es muy apropiado para definir lo que nos sucede en la actualidad. 'Brexiternity' dijo como fusión de 'brexit' y eternidad en inglés. No se me hubiera ocurrido una expresión mejor para describir un proceso que, se desarrolle como se desarrolle, tiene aún muchos capítulos por escribir y que, por tanto, será largo y con consecuencias imprevisibles.

El monumental embrollo en el que se han metido los británicos no daña solo a su economía sino a la del conjunto de la zona del euro y de la Unión Europea (UE). Con un proceso convertido en una especie de laberinto, del que se puede o no salir o tardar mucho en hacerlo, nadie sabe a ciencia cierta a dónde nos conducirá todo ello. Incertidumbre total.

Y, apropiándome del juego del palabras yo hablaría también de 'Catexiternity' para describir la situación que se vive en Catalunya con el 'procés', que se está haciendo eterno, diría que incluso para algunos de sus promotores. Sin Presupuestos, sin un Govern que gobierne -o al menos esa es la sensación que da-, la economía sigue tirando, pero con tendencia a la ralentización, como sucede en el conjunto de Europa. Italia, la referencia que siempre se había utilizado como ejemplo de que no hace falta la política para que funcione la economía, ya está en recesión. Aviso a navegantes.

En una entrevista en este diario, el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, aseguraba que "ha sido un error gravísimo" no aprobar unos Presupuestos, tanto a escala estatal como catalana. Cuando no hay cuentas públicas "no hay seguridad ni inversión", recordaba, recogiendo las advertencias de las instituciones internacionales.

No hace falta estar de acuerdo o comulgar con los contenidos de un proyecto de cuentas concreto. La cuestión es poder tramitarlo, debatirlo y al final aprobar un marco presupuestario. En Catalunya, el Ejecutivo de Quim Torra, ocupado en batallas simbólicas y poco dispuesto a debatir un proyecto en el Parlament, trabaja con unos Presupuestos prorrogados desde el 2017. Quién sabe lo que puede suceder para el 2020.

Harían bien quienes tienen en su mano rebajar el nivel de incertidumbre, esencialmente los políticos, en trabajar para sortearlo. En un contexto electoral como el español será complicado lograr ese objetivo y más con las perspectivas de fragmentación parlamentaria existentes.

A pesar de que todos los economistas descartan un recesión inminente, muchas de las perspectivas de la economía española dependen de una Alemania casi paralizada, el 'brexit' y una Italia casi en crisis. Si no hacemos ni siquiera lo que está en nuestra mano para que la economía tire en casa podemos acabar bastante mal en este entorno global dominado por la incertidumbre. Avisados estamos.