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Editorial

El amparo de los Maristas

La orden religiosa falló como escuela por no proteger a los alumnos, falló ante los Mossos y ha fallado a toda la sociedad

Joaquim Benítez tiende la mano a Manuel Barbero, que rechaza devolverle el saludo, este martes frente a la Audiencia de Barcelona.

Joaquim Benítez tiende la mano a Manuel Barbero, que rechaza devolverle el saludo, este martes frente a la Audiencia de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

Joaquim Benítez se enfrenta a una petición de 22 años de prisión por abusar sexualmente de cuatro exalumnos, los únicos casos denunciados que le señalan y que no han prescrito. Hace ahora tres años, el exprofesor de gimnasia confesó a EL PERIÓDICO sus delitos. Ante el tribunal, solo admite haber hecho felaciones a dos de los alumnos. Quizá teme la sentencia. Una inquietud que no sintió durante los 25 años que estuvo trabajando en el colegio marista de Sants-Les Corts: “No tenía miedo a ser descubierto porque me sentía amparado por los Maristas”, ha declarado ante el tribunal.

Benítez se creía amparado, y es lógico que así se sintiera. En 1986, muchos años antes de que ocurrieran los hechos que ahora se están juzgando, la cúpula de la orden religiosa supo que había realizado tocamientos a un estudiante. El padre del alumno se quejó a la dirección de la escuela, el profesor admitió los hechos y el máximo responsable del colegió zanjó el asunto recriminando a Benítez su actitud diciéndole que lo que había hecho era “bastante feo”. No hubo nada más. Ni expulsión ni sanciones ni, mucho menos, denuncia.

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En la entrevista que concedió a EL PERIÓDICO en febrero de 2016, Benítez declaró: “Durante muchos años, sentí como un impulso que no podía evitar, aunque sabía que hacía mal. Sé que estuvo mal, lo sé... Solo espero tener ahora la oportunidad de poder pedir perdón a aquellos chicos”. Hiela la sangre pensar que, durante esos “muchos años”, los Maristas tenían elementos para saber lo que ocurría y no actuaron. Muchos años de infancias truncadas, de vidas marcadas. El arrepentimiento del culpable quizá sirva de alivio a la víctima, es una cuestión que cada persona vive de un modo particular, subjetivo. Lo que no es subjetivo es la irresponsabilidad y la falta de compromiso ético de la orden religiosa ante los hechos.

Los Maristas fallaron en su deber, como centro educativo, de proteger a sus alumnos. Fallaron ante los Mossos, ya que trataron de obstaculizar la información sobre el acusado. Y, al fin, han fallado a toda la sociedad por no ponerse al lado de las víctimas y abanderar su reparación. El banquillo de los acusados se ha quedado corto para un caso que ha acumulado denuncias de 43 exalumnos de las escuelas maristas de Sants-Les Corts y del Eixample, también de Champagnat de Badalona, contra 12 profesores y un monitor escolar.