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Análisis

 Joaquim Benitez tiende la mano a Manuel Barbero  que le niega el saludo  frente a la Audiencia de Barcelona 

JOAN CORTADELLAS

Víctimas, agresores y entorno en la prevención de la pederastia

Antonio Andrés Pueyo

Analizar los sucesos pasados es un ejercicio habitual para conocer sus causas y poder prevenirlos. La pederastia y los abusos a menores son de estos sucesos que hay que evitar que aparezcan y sobre todo que se repitan, y esto hay que hacerlo sin detenerse ante las dificultades propias de esta tarea. Es utópico pensar que nunca más de producirá ningún suceso de pederastia nuevo, pero hemos de intentar que no se repitan ni en las escuelas, las familias o en cualquier otro lugar. Los comportamientos y los actos violentos, los abusos y las agresiones sexuales se pueden evitar, se deben prevenir y todos los esfuerzos que se dediquen a ello son necesarios. Está en juego la vida, la felicidad y el bienestar de los niños y las niñas que son las víctimas de estos abusos.

Los numerosos delitos de pederastia que se están denunciando y descubriendo nos confrontan ante una realidad con la que desgraciadamente convivíamos sin querer saberlo. Esta ignorancia culpable ha tenido como consecuencia un daño extenso y considerable. El caso de Joaquim Benítez y el de los Maristas que se juzgan estos días así lo evidencian. En esta ocasión el agresor está identificado, pero como muchos otros de igual perfil criminal, el agresor ha actuado en el seno de una organización que podía y debía haberlo evitado. ¿Cómo? Detectándolo e interviniendo sistemáticamente con el objetivo de evitar estos hechos violentos. Esto es exigible a estas organizaciones dedicadas a atender las necesidades de los menores.

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Existen recursos y técnicas que evitan los abusos sexuales en los colegios y otros centros similares. En todos los sucesos violentos hay tres componentes: la víctima, el agresor y el entorno que los rodea. En el caso de la pederastia las víctimas son los menores, desde bebés a adolescentes de ambos sexos; los agresores, mayormente hombres jóvenes o adultos e incluso ancianos, y el entorno, en el que coinciden las víctimas y los agresores. Y, la forma de evitar este delito es prevenirlo con todos los medios disponibles.

En las experiencias exitosas de prevención de la pederastia -que las hay- el primer actor responsable de intervenir preventivamente es el entorno. Las organizaciones que atienden a los menores, en cualquier dimensión (saludeducaciónocio, etcétera), deben seleccionar, formar y monitorizar permanentemente a sus profesionales en base al riesgo de cometer este tipo de abusos. Es una obligación a la que no pueden renunciar y para la que tienen que prepararse a conciencia. En segundo lugar, la prevención pasa por preparar a los menores para que se cuiden y protejan, en cuanto tengan capacidad de hacerlo. Y en cuanto a los agresores, castigarles por lo hecho y ayudarles a que nunca más lo vuelvan a hacer, sin olvidar que esta acción preventiva hay que incluir también a los posibles futuros agresores.