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ANÁLISIS

Un muñeco de la primera ministra británica, Theresa May, es llevada a través de Trafalgar Square durante una marcha anti-Brexit en Londres.

TIM IRELAND / AP

La bragueta del 'brexit'

Josep Martí Blanch

Más leña a la caldera del 'brexit'. Theresa May no puede de momento llevar su acuerdo con la UE a una tercera votación porque no tiene los apoyos suficientes. Mientras tanto, durante el fin de semana, las facciones más duras de su partido dejaron acrecentar los rumores sobre el asesinato político de la 'premier'. Incluso se especuló con la posibilidad de que finalmente apoyaran en bloque el acuerdo si ella accedía a marcharse. Por su parte, los laboristas, siguen soplando y sorbiendo al mismo tiempo, incapaces de salir de su zona de cálculo electoralista. Así las cosas, ha empezado una nueva semana y la incertidumbre, lejos de disminuir, sigue acrecentándose.

Sabemos ahora que la UE lo tiene todo preparado para un 'brexit' sin acuerdo el 12 de abril si el Reino Unido es incapaz de poner encima de la mesa una alternativa. ¿Existirá esa alternativa? Nadie, absolutamente nadie, está en condiciones de responder a esta cuestión. Y pronto empezarán a contarse horas, no días, porque los plazos se agotan.

Se dice de los individuos que cuando su comportamiento resulta inexplicable hay que mirar a su bragueta o a su cartera. Problemas sentimentales o económicos ayudan a comprender la mayoría de las veces lo que resulta incomprensible. Con la política hay que hacer un ejercicio similar. Cuando algo no se entiende analizándolo desde la perspectiva del interés general de una nación basta con mirarlo desde otra perspectiva, la del interés puramente personal y partidista. La mayoría de las veces el escenario se ilumina y queda a la vista el sentido real de lo que está ocurriendo.

Intereses particularísimos

El Reino Unido es víctima de los intereses particularísimos de los actores que protagonizan esta obra de teatro del absurdo. No es que les importe un cuerno el Reino Unido, pero sí está meridianamente claro que les importa muchísimo más su futuro personal.  Todo esto es lícito si no excede la dosis de lo razonable. Y la clase política británica lleva ya muchos tiempo excediéndose. Los movimientos tácticos se han exagerado hasta tal punto que todas las palabras acaban sonando como un insulto a la inteligencia.

El líder laborista Jeremy Corbin ha empezado la semana afirmando que el 'brexit' se ha convertido en una vergüenza nacional. No es verdad. Es una vergüenza para su clase política. La nación va más allá del Parlamento y del Gobierno. Y también debería añadir, para ser por una vez sincero, que todos son cómplices de este desaguisado. Nadie ha puesto a su país por delante de propio ombligo, ni los laboristas, ni los conservadores. Empezó David Cameron, convocando un referéndum táctico que acabó explotándole en la cara No han querido aprender de la experiencia, más bien al contrario.

Si antes del viernes May consigue los votos que necesita para sacar adelante su acuerdo el Reino Unido abandonaría la UE el 22 de mayo de manera ordenada. De lo contrario vamos a una prórroga larga que significaría participar en las elecciones europeas o salir de la UE de manera abrupta. Por desgracia, el final de la historia depende únicamente de la bragueta del brexit, de la suma y resta de intereses particularísimos que nada tienen que ver con el interés general.