19 sep 2020

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Elecciones generales

Pablo Casado (PP), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox).

La irrupción de Vox perjudica a la derecha

Joan Tapia

El PSOE será el primer partido y la suma de la formación ultra, PP y Cs queda lejos de la mayoría absoluta

El fin de semana ha traído tres encuestas de medios muy diversos. Las de 'El País', el 'Abc' y 'El Confidencial'. En las tres gana el PSOE de forma clara, con una subida fuerte y porcentajes que van del 27% al 31%, pero no alcanza la mayoría absoluta (se queda en 134 diputados de máximo).

Pero, como la suma de toda la derecha queda lejos (entre 156 y 163 diputados) de la mayoría absoluta de 175, parece bastante probable que Pedro Sánchez siga en la Moncloa. Y la sensación se acrecienta porque la izquierda (PSOE más Podemos) gana a la triple derecha (162 escaños a 156, en 'El Confidencial') o empata (a 162, en 'El País') incluso antes de recurrir al PNV o al independentismo. Parecería, pues, que la izquierda gana a la derecha porque está más movilizada, al contrario de lo que pasó en el 2016, cuando la derecha, con el 46,1% y 169 escaños, batió a la izquierda, que tuvo el 43,8% y 156 diputados.

Pero no es así. Pasa algo muy diferente. La izquierda gana a la derecha en escaños, pero la derecha sigue teniendo más votos. Nada menos que un 47,2% contra un 39,4% según 'El País', con lo que su ventaja pasaría del 2,3% al 7,8%. ¿Cómo puede ganar la izquierda en diputados cuando el voto se desplaza a la derecha?

Básicamente por la ley electoral. La circunscripción provincial, que en las provincias pequeñas favorece siempre al primer partido -que normalmente era el PP, que reunía el voto de toda la derecha- ahora pasa a beneficiar al PSOE. Por tres razones. Una, la izquierda solo divide el voto entre dos partidos y uno de ellos, el PSOE, domina con claridad por el hundimiento de Podemos. Dos, la derecha ya no divide su voto en dos con un PP muy dominante, como en el 2016, sino en tres y el PP pesa mucho menos. La fuerte caída en votos del PP (un mínimo de un 12%) y el acenso limitado de Cs se ven compensados y con creces por la irrupción de Vox (entre el 10% o 12% de los votos), lo que aumenta el voto total de la derecha, pero lo fragmenta y, por tanto, le resta diputados en muchas provincias.

En resumen, la mayor movilización de la derecha solo obedece a la atracción de Vox, lo que da a la derecha más votos, pero menos diputados. Y el PSOE es el gran beneficiario de las fuertes caídas del PP y de Podemos. No solo porque recupera la mitad de los votos que pierde Pablo Iglesias, sino porque incrementa su posición dominante en la izquierda y el centro en el sistema de partidos.

El verdadero enemigo

Pablo Casado, que tanto utilizó contra Soraya Sáenz de Santamaría la nostalgia de la derecha auténtica (de Vox), y su cercanía a Santiago Abascal, un chico lleno de buenas ideas para José María Aznar, parece haber comprendido ahora que su primer enemigo (el que le roba votos directamente) no es Sánchez, sino Vox. El domingo dijo en Mérida que el patriotismo no está reñido con las matemáticas y que ello exige unir el voto.

Pero Vox ya está ahí y el miedo a la extrema derecha puede favorecer a Sánchez. Como Mariano Rajoy se benefició en el 2016 del miedo al 'sorpasso' de Iglesias al PSOE para mejorar sus resultados del 2015. Los extremos movilizan. Pero asustan.