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Un menosprecio incesante

Manifestación contra el aborto en Madrid.

Efe /JUAN CARLOS HIDALGO / EFE

Vulnerar derechos sexuales y reproductivos: paradigma de la violencia machista

Gemma Altell

Estas vulneraciones nos hablan de las mujeres como receptáculo, siempre al servicio de otros; nunca como sujetos proactivos y de derecho

Hace pocos días ha salido a la luz -poca luz desde mi punto de vista- una realidad escalofriante. Mujeres y chicas birmanas cercanas a la frontera son engañadas para entrar en China con promesas laborales para acabar siendo explotadas sexualmente. Son encerradas durante meses y sometidas a violencias sexuales múltiples con el objetivo de que queden embarazadas para engendrar ciudadanos chinos. Esta violencia es fruto de las violencias anteriores recibidas por mujeres y bebés (niñas) chinas durante décadas por la política del hijo único impuesta por el sistema chino.

La medida prohibía a la población tener más de un hijo por cada núcleo familiar. El objetivo era limitar el crecimiento de la población. Dentro del sistema patriarcal en el que vivimos esto se acabó traduciendo en una pandemia de abortos selectivos, infanticidios femeninos y abandonos de niñas. Tener solo un hijo y que fuera una niña era considerado una deshonra para las familias chinas. La dramática consecuencia demográfica que ha producido esta política ha sido la falta de mujeres en las nuevas generaciones de población.

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No tengo palabras para expresar el drama humano que suponen esta serie de violencias encadenadas hacia las mujeres; pero si quiero hacer visible la realidad política que hay detrás de esta situación perversa. Las vulneraciones de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres de las que estamos hablando. Este es uno de los ejemplos más lacerantes de cómo el cuerpo de las mujeres es siempre el instrumento utilizado por el machismo -a menudo encarnados en gobiernos- para seguir doblegando la voluntad de las mujeres.

Estas vulneraciones nos hablan de las mujeres como receptáculo, siempre al servicio de otros; nunca como sujetos proactivos y de derecho: podemos ser asesinadas, violadas, utilizadas y siempre mensospreciadas. En el caso de China el mismo sistema que las ha matado es el que ahora las necesita. Pero no como seres humanos; son una herramienta más de "producción humana".
 
Pese a que nos quede geográficamente lejos, esta situación explicita un continuo de la objetivación femenina. Las mujeres- y nuestros derechos sexuales y reproductivos- son, aquí y allá, siempre terreno opinable y de vulneración. Allí, en Oriente, ejerciendo violencias bajo el paraguas de sociedades que consienten y miran hacia otro lado para revertir los efectos demográficos del desastre patriarcal. Aquí -cuando aún no estaban asegurados todos nuestros derechos- la derecha y la ultraderecha ya proponen de nuevo medidas para recortar el derecho al aborto o proponen que debemos dedicarnos a tener más niños para invertir la pirámide demográfica y poder pagar las pensiones. Responsabilizándonos a nosotras, las mujeres, de nuevo, del fracaso de las políticas neoliberales. Aquí y allí nuestra capacidad de engendrar es vivida como un trofeo que hay que controlar y arrebatar.
 
Mientras tanto vemos la serie 'El cuento de la criada' y parece que estemos tan lejos…