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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Golícoto es un perfotón

Leonard Beard

Golícoto es un perfotón

Juan Carlos Ortega

Sí, ya sé que insultar no es demasiado civilizado. Uno siempre debe dialogar con todos, comprender sus razones y todo eso, pero, en ocasiones, uno ya no puede más. El insulto sirve entonces como desahogo. No es algo de lo cual uno pueda sentirse orgulloso, pero qué le vamos a hacer. A veces los seres humanos no podemos evitarlo.

Les digo esto a causa de mi deseo imparable de insultar a un político concreto. Ya lleva tiempo poniéndome de los nervios, pero últimamente ha tomado decisiones por las que me apetecería insultarle desde aquí. Su expresión falsamente humilde, su creencia irracional en una causa alocada y, lo que es peor, su certeza de pertenecer a un colectivo irremediablemente más listo, astuto y superior al resto, provocó que anoche incluso soñara que le daba un buen bofetón. De nuevo, me siento mal por desear esas cosas. En serio, yo no era así. Me tenía por educado y tolerante, pero este hombre ha acabado con mi paciencia.

Pero claro, no me atrevo a nombrarlo e insultarle en esta columna. Sería demasiado infantil. Me convertiría en alguien con un comportamiento tan adolescente como el suyo. Así que he ideado una artimaña para hacerlo (a él le encantan también las artimañas, le vuelven loco porque, pobre, le hacen sentir agudísimo).

La artimaña es la siguiente. Voy a inventar un insulto inexistente. Junto letras de modo azaroso y me sale Perfotón. Suena bien. Esa palabra, 'perfotón', reúne todos los insultos malsonantes que usted y yo podamos imaginar. Concéntrese y piense en lo peor. ¿Ya lo tiene? Pues eso también está incluido en 'perfotón'.

Ahora es cuando debería nombrar a ese señor al que antes me refería, pero quiero emplear con su nombre la misma treta (otro concepto que le encanta) que he usado con el insulto.

De nuevo junto letras al azar y me sale 'Golícoto'. Él, aquí, en este escrito, será Golícoto. Ahora ya puedo unir los dos conceptos y escribir, para desahogarme por fin, que 'Golícoto es un perfotón'.

Lo escribiré otra vez. 'Golícoto es un perfotón'. Qué bien me siento. Pero un 'perfotón' elevado al cubo. Un 'perfotonazo' de cuidado, vaya. Pero no es el único, qué va. Está rodeado de ellos. Muchos 'perfotones' le rodean y aplauden sus argucias, unas argucias que no lo son en realidad, porque dejan de serlo por previsibles.

Es posible, querido lector, que a usted le caiga bien Golícoto. Está en su derecho, faltaría más. Así que le brindo desde aquí esta sencilla idea para que busque usted su propio Golícoto. No hace falta, como en mi ejemplo, que se dedique a la política; puede ser cualquiera. Luego invéntese una palabra que englobe todos los insultos que le parezcan oportuno y una alegremente los dos conceptos. El mundo está lleno de 'golícotos perfotones', ¿verdad? Estamos rodeados de ellos. Cada uno tiene los suyos, pero yo les aseguro que el mío se lleva el primer premio.

De verdad, 'Golícoto, eres un perfotón'. Un 'perfotón' desde que te levantas hasta que te acuestas. Incluso durmiendo 'perfoteas'.

¡Qué bien me he quedado! Gracias a EL PERIÓDICO por permitirme esta terápia.