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Editorial

Barcelona, turismo y museos

La ciudad esconde un tesoro cultural que debe ser potenciado más allá de la indefinición de las administraciones

Visitantes ante el edificio del MNAC, en Barcelona.

Visitantes ante el edificio del MNAC, en Barcelona. / RICARD CUGAT

La complicada relación del turismo con Barcelona presenta en los museos de la ciudad un punto y aparte. El debate continuo entre un turismo de calidad y un turismo masificado, la discusión sobre el modelo turístico que se vende de la ciudad y sobre de qué manera es contemplada Barcelona por el turista, es especialmente interesante cuando se observada desde la perspectiva cultural en general y museística en particular. Como certifica el reportaje de EL PERIÓDICOsolo el 7,1% de los 12 millones de turistas que cada año recalan en Barcelona, por poner un ejemplo, visitan el Museu Picasso, el que mejores cifras presenta más allá del fenómeno deportivo que genera el del Futbol Club Barcelona. Se da la circunstancia peculiar, en este caso, de que en este equipamiento en concreto, más del 80% de los visitantes son turistas. Un dato ciertamente notable que ayuda a reflexionar, como ha hecho el investigador de la UdG José Antonio Donaire, sobre la concepción del museo, en general y por parte de la propia ciudadanía autóctona, como un "continente extraordinario". El profesor afirma que "hay algo de turístico en la experiencia museística".

La pregunta que debemos hacernos, sin embargo, es qué tipo de política debe llevar a cabo la ciudad para resaltar estos espacios y en qué medida está preparada para convertirlos en un reclamo efectivo. Conviene recordar, por ejemplo, que en las recomendaciones de la Oficina de Turismo de Londres, 8 de los 10 principales lugares a visitar son museos. Y que hay otras ciudades (París o Madrid) en las que los museos y las exposiciones temporales son un potente polo de atracción, en la misma medida que hay otras, como Bilbao y Figueres, en las que los museos (el Guggenheim y el Dalí) eclipsan a la propia destinación.

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Barcelona se halla en un punto intermedio en el que, no siendo centrales como reclamo, poseen un potencial muy importante que vale la pena calibrar para destacar el componente cultural al tiempo que se valora hasta qué punto figuran en las perspectivas y programación de un turismo sostenible. Los nodos que identifican a Barcelona son más los monumentos (con la Sagrada Família al frente) que los museos, pero existe un tesoro escondido que merece la pena ser revisado y potenciado más allá de la falta de compromiso efectivo, de la abulia o la indefinición de las administraciones, con un criterio que huya tanto del turismo entendido como un engorro como de la simple atracción exhibicionista.