24 oct 2020

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LA CLAVE

El momento en que era sustituida la pancarta en la fachada de la Generalitat.

FERRAN NADEU

Enfermos de simbolismo

Enric Hernàndez

Bienvenidos a la República Onírica de Catalunya, donde el Govern pone y quita lazos amarillos para aplacar al independentismo en vez de aprobar leyes en beneficio de todos los catalanes

El Govern ha desplegado una intensa actividad este jueves. No, no ha aprobado un programa de incentivos para elevar la inversión extranjera en Catalunya, que se desploma mientras en Madrid se duplica. Tampoco ha diseñado planes integrales contra la pobreza infantil o para socializar a los menores extranjeros que dependen de la administración. Ni ha ideado ley alguna para pinchar la burbuja inmobiliaria y ampliar la mísera oferta de pisos sociales. Todo la astucia disponible en las dependencias de la Generalitat se ha concentrado en cambiar de color los lazos y rótulos que lucen sus fachadas. 

Ante los requirimientos de la Junta Electoral, el 'president' Quim Torra obedece y desobedece al tiempo, al suplantar las pancartas prohibidas por otras análogas. Lo hace tras haber condicionado su decisión a la llegada de un informe del Síndic de Greuges que ya tenía, dato que el Govern ocultó. Lo hace solo para aplacar al independentismo impacientado. Y lo hace consciente de que los Mossos, de nuevo en la picota, acabarán dando cumplimiento a la ley.

Bienvenidos a la República Onírica de Catalunya, donde, como en la caverna de Platón, la realidad no la conforman los objetos materiales, sino las sombras que estos proyectan. La dirigencia independentista, enferma de simbolismo, se aferra a los lazos amarillos como transuntos de los políticos presos y autoexiliados, a quienes saca en electoral procesión siempre que tiene ocasión. 

DISONANCIA COGNITIVA

La incompatiblidad entre la fe republicana y la materialidad autonómica explica la disonancia cognitiva que sufre parte del independentismo. Pero no es ese el mal que aqueja a sus dirigentes políticos, quienes, si bien torean con los lazos la normativa electoral del Estado, la acatan al presentarse a las elecciones generales para ocupar escaños en las Cortes y percibir los correspondientes emolumentos.

Con su propensión al aspaviento y la marrullería, los socios del Govern encubren la carencia de una senda realista y plausible hacia la república, postergada por mor de la pugna por la hegemonía independentista. Lo que el victimismo unió, que solo las urnas lo separe.