Ir a contenido

análisis

Mano a mano de Jordi Masip y Boateng en el Barça-Valladolid.

JORDI COTRINA

Las patrias del fútbol, los apátridas

Iosu de la Torre

Tres clubs de fútbol amenazados con el descenso a segunda división se niegan a ceder jugadores a la selección catalana para disputar un amistoso con Venezuela. Comprensible (a ver quién quiere alejarse del negocio de LaLiga), pero solo durante unos instantes, en los que se trasmite la noticia envuelta en el ruido penibérico, el de las redes sociales, las webs de los huevos, las teles y las radios. 'A los catalanes, ni agua, ni futbolistas', subyace tras los tuiteos y los titulares cargados de dinamita, las medias verdades y las grandes mentiras. La politización del fútbol. La futbolización de la política. Juntos pero muy revueltos. 

En estos tiempos de tantos caos se reivindica la figura de Franz Kafka para intentar comprender algo, y después nada. Recomiendo acudir a Manuel Vilas (Barbastro, 1962), escritor de moda con 'Ordesa' y que tiene al de Praga entre sus referentes, además de a Cervantes. "La gramática es mi única patria", soltó el novelista en Twitter hace unos días, harto de leer vulgarismos. La gramática es un país, como lo es la infancia según Rainer Maria Rilke. Otros prefieren el fútbol como patria y como un todo. El planeta fútbol, hijo de la globalización. Maldito (bendito) fútbol. 

No hay discusión ante las razones deportivas expuestas por el Valladolid, el Rayo Vallecano y el Huesca en comunicados casi calcados. Con la soga al cuello prefieren preservar a sus jugadores (dos por equipo) que dejárselos a Gerard López para un amistoso. Muy comprensible, muy respetable, claro que sí.

Hay silencios y situaciones, sin embargo, que invitan a la sospecha. Javier Tebas, siempre dispuesto a elevar el tono, calla hasta el momento. El Valladolid de Ronaldo Nazario borró en 24 horas el corazón lila con el que anunció en Twitter la cita de Alcaraz y Masip con Catalunya para retenerlos "en una fase crucial de la temporada".



Y por qué no acordarse, sin más, de cómo el año pasado la directiva del Huesca envolvió el estadio en una bandera rojigualda kilométrica para recordarle al Reus dónde iba a jugar. Minucias, todo muy irrelevante. Que el nacionalismo español no existe y tal.

La palabra desamparo

La de Manuel Vilas ("La gramática es mi única patria") es una manera inteligente de decirse apátrida. Crece por Europa el prestigio del escritor y poeta que con una estrofa celebró el regalo que le dio la lengua con la palabra desamparo. En España volverá a brotar su apellido para Sant Jordi con muchos más lectores. Así se olfateaba, el mediodía del martes en una floristería de la barcelonesa calle de Enric Granados, sobre el bodegón-regalo con 'Ordesa' que preparaba una discreta fotógrafa sobre la acera.