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Análisis

Corre, corre, Ribó

TONI ALBIR (EFE)

Corre, corre, Ribó

Joan Tapia

Torra hará caso al Síndic de Greuges sobre los lazos amarillos y los Mossos no tendrán que obedecer a la Junta Electoral Central

Quim Torra quiere, por una parte, ejercer todas las facultades de un presidente de la Generalitat elegido y como tal representante del Estado en Catalunya. Pero por la otra actuar, si le conviene, como el líder de una república inexistente pero proclamada el 27-O del 2017 cuya legitimidad está en Waterloo. Y como líder republicano amparar una sublevación moral contra el régimen del 78. Es un caso extremo -e imposible- de desdoblamiento de la personalidad.

Palabras no traducidas en actos

Torra cuida de que su resistencia sea extrema pero discursiva y que las palabras no se trasladen a los actos. Ha aprendido, en cabeza ajena, que la legalidad no es un tigre de papel. Sabe que su república inmaterial es esencial para no tener que adaptar lo prometido a lo posible y mantener así la confianza de los electores y creyentes que son muchos (el 47% en las autonómicas del 2015 y del 2017), pero no una mayoría suficiente.

Por eso la exhibición de 'estelades' y lazos amarillos en los organismos públicos. Ayudan a mantener el objetivo -la independencia- y expresan protesta contra la acusación de rebelión y las prisiones incondicionales y sin fianza antes de juicio.

Sin embargo, las 'estelades' y los lazos son símbolos que no representan a toda la ciudadanía catalana, cuya bandera es la 'senyera'. Por eso su presencia abusiva en el espacio público (las playas el pasado verano) y masiva en los edificios oficiales, ha generado polémica y división social.

Y su exhibición en los edificios oficiales es más injustificable en un periodo electoral, ya que los presos encabezan las listas de dos partidos. Los lazos pasan así de acto de protesta a propaganda electoral. Por eso es lógico que un partido no independentista como Cs haya recurrido a la Junta Electoral Central (JEC) la autoridad máxima en las campañas electorales, y que la JEC ordene su retirada. Lo normal -como hizo con la alcaldesa Ada Colau- era acatar. Sin embargo, Torra, que se ha dedicado a abrazar los lazos amarillos, no podía desdecirse y obedecer sin perder su condición de sumo sacerdote de la soberanía catalana.

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Pero Torra fue advertido por la Conselleria de l'Interior de que cuando los Mossos recibieran la orden de la JEC no dudarían ni un momento en retirar -de acuerdo con la declaración de Josep Lluís Trapero ante el Supremo- los lazos. Torra desobedecería, pero la imagen de los Mossos retirando lazos de la fachada de la Generalitat destrozaría todo su  discurso.

Había que encontrar una solución digna. Acatar, pero desobedecer. Nada mejor que encargar al Síndic de Greuges un dictamen y presentarlo como un arbitraje sabio y definitivo. El Síndic, elegido por el Parlament, no es una institución española. Y como Rafael Ribó es racional (aunque no neutral) ha dictaminado que, en periodo electoral, los lazos deben ser retirados. A Ribó se le debe de haber dicho además algo así como "corre, corre Rafael". Ha elaborado el informe en un tiempo récord y justo 24 horas antes de la reunión de la JEC que iba a dar la orden a los Mossos. ¿Piensa Torra que ha salvado los muebles?