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Dos miradas

Trapero: Los Mossos estábamos preparados para detener a Puigdemont y a los ’exconsellers’.

ACN

Análisis DAFO

Josep Maria Fonalleras

La fortaleza de Trapero, él lo consideró así, era presentarse ante el tribunal y no callar nada, haciendo valer la profesionalidad de los Mossos ante la posible injerencia política

En una hipótesis de valoración de su empresa -como si fuera un análisis económico- hay que medir hasta qué punto Trapero previó las debilidades, las amenazas, las fortalezas y las oportunidades de sus palabras. Era débil, si no decía nada, porque, después de todo lo que se le había acusado, si callaba podía parecer que certificaba la tolerancia de los Mossos hacia el referéndum y, en consecuencia, la necesaria colaboración de un cuerpo armado en la hipotética rebelión. Pero también rozaba la debilidad si decía algo que pudiera comprometerle en su propio juicio. De las debilidades, las amenazas: no decir nada o decir demasiadas cosas.

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La fortaleza de Trapero, él lo consideró así, era presentarse ante el tribunal y no callar nada, haciendo valer la profesionalidad de los Mossos ante la posible injerencia política. Una oportunidad de reafirmar su inocencia (¿qué militar al frente de una rebelión piensa en detener al líder de la rebelión?) y de desarmar la acusación de violencia del ministerio público, que le acusa de "dar cobertura efectiva" para “imponer por la fuerza" la revuelta de las masas. Las lecturas de la declaración han sido contradictorias. Desde aquellos que le ven como un traidor que dinamitó la independencia y, ahora, dinamita la defensa, hasta los que aprecian justamente lo contrario: al defenderse él, también invalida la hipótesis esencial del juicio, la de la conjura criminal compartida.