Al contrataque

Las notas del PSOE

Se enfrentan la sed de venganza de Sánchez, que tiene la paella por el mango, y la pérdida total de Olfato de Díaz, que no ha asumido que su fuerza venía de su sillón en San Telmo

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La líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, durante una sesión en el Parlamento regional.

La líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, durante una sesión en el Parlamento regional. / JULIO MUÑOZ (EFE)

Susana Díaz sigue echándole pulsos a Pedro Sánchez como si aquí no hubiera pasado nada. La última excusa para la polémica ha sido la configuración de las listas electorales. La expresidenta de la Junta, que para las autonómicas dejó fuera a todos los pedristas, pretendía hacer prácticamente lo mismo ahora en las generales. Parece que Díaz no ha asumido todavía que la capacidad que tenía para aguantar los pulsos de Ferraz emanaba de la fuerza que le daba su sillón en San Telmo. Intentó hacer la trampa de esgrimir que sus listas habían sido refrendadas por la militancia a la que tanta importancia le daba Sánchez en sus inicios. Pero sin sillón, no hay margen para pelear. Antes mandaba en Andalucía. Ahora, no.

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Sin embargo, Sánchez tiene ahora la sartén por el mango. Está en La Moncloa y todas las encuestas coinciden en que ganará. Está haciendo un partido a su medida, lo que le garantiza que la disidencia interna -si es que la hay- será completamente residual. disidencia interna -si es que la hay- será completamente residual.Desde fuera, da la sensación de que Díaz no está sabiendo leer la película. Perdió las primarias y eso restó fuerza a su imagen nacional de dirigente fuerte e imprescindible. Después, ganó las elecciones, pero no gobernó. Es decir, perdió la Junta de Andalucía después de casi 40 años. No fue solo su responsabilidad, ni mucho menos, pero la vida es así de dura.

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Decidió quedarse en la oposición, a pesar de que desde Ferraz insinuaron que debía dimitir. Imagino que está esperando a ver si naufraga el pacto de gobierno de Juanma Moreno o a ver si con un poco de suerte, a Sánchez le pasa lo mismo que a ella: que gane las generales, pero que no den los números para mantenerse en La Moncloa. O quizá es que no sabe qué hacer con su vida, puesto que su único trabajo conocido ha sido el de militar en el PSOE. El caso es que resulta bastante lamentable que en el Comité Federal en el que Sánchez aprobó las listas que le dio la gana, ella saliera diciendo muy solemnemente “tomo nota”. ¿Y? Toma nota, pero se come los candidatos con patatas. Por no hablar del estupor que provoca que sus personas de confianza admitan públicamente que hay nombres en la lista de Ferraz que ellos no sabían ni quienes eran. Pero ahí están, tomando nota muy fuertemente.

En realidad, el que tomó nota fue Sánchez, que no ha hecho otra cosa desde que le echaron de Ferraz la primera vez. Y ahora va con sus apuntes por todos los territorios díscolos cortando cabezas. Sinceramente, ha llegado un punto en el que más que tomar nota, lo que hacen unos y otros es dar la nota: Sánchez, por su insaciable sed de venganza y Díaz, por su pérdida total de olfato para saber que con las cartas que tiene, hay batallas que ya no puede dar.