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Calentamiento del planeta

Ilustración de Leonard Beard.

LEONARD BEARD

La tragedia del bien común del clima

Mariano Marzo

La solución a los problemas que requieren de una actuación colectiva a escala global pasa por pactos y tratados de obligado cumplimiento entre estados

En la última cumbre de Naciones Unidas sobre el clima, los países participantes se reafirmaron en la necesidad de evitar los peligros del cambio climático. Pero, con toda probabilidad, entre dicha cumbre y la que tendrá lugar este año, muchos de ellos actuarán de tal manera que no harán sino acelerar las consecuencias que pretenden evitar. Esta contradicción entre lo que dicen y lo que hacen se ha venido repitiendo año tras año desde la primera cumbre celebrada en 1995. Es un patrón de comportamiento que podríamos tachar de irracional, pero que puede explicarse ateniéndonos a un artículo titulado 'La tragedia de los comunes', publicado hace ya medio siglo en 'Science' por el ecologista Garrett Hardin, y en el que se describe el dilema que se oculta tras la manera de proceder comentada.

De forma metafórica, Hardin afirma que los pastores, impulsados por el acicate de incrementar sus ganancias particulares, no tienen reparos en agregar, sin límite alguno, más y más animales a unas tierras de pastoreo compartidas con otros ganaderos. De modo análogo a lo que sucede en el caso del cambio climático, todos los pastores quieren preservar el pasto aunque ninguno está dispuesto a asumir el sacrificio personal necesario para evitar su desaparición. Está claro que la conservación del pasto requiere de una acción colectiva. Y al respecto, la propuesta correctiva de Hardin, para evitar que la libertad individual en el uso de los bienes comunes lleve a todos a la ruina, es la de establecer mecanismos coercitivos previamente acordados entre los miembros de la comunidad.

Los estados son los principales actores

Una diferencia fundamental entre la parábola de Hardin y el caso del cambio climático estriba en que en este último los principales actores no son individuos, sino los estados. Aunque las personas que integran estos últimos pueden ser influenciadas en sus comportamientos por las autoridades, la humanidad no ha evolucionado organizativamente lo suficiente como para transferir la soberanía de los países a una institución única, de modo que la solución a los problemas que requieren de una actuación colectiva a escala global pasa por pactos y tratados de obligado cumplimiento entre estados.

Un tratado internacional que busque estabilizar el clima del planeta debe conseguir un triple objetivo: primero, que todos los países participen, segundo, que estos logren un acuerdo y, tercero que lo acordado sea reducir a cero las emisiones de gases contaminantes. El Acuerdo de París del 2015 aseguró el primer objetivo, el segundo tan solo en parte, en la medida de que se trata de un acuerdo voluntario, y ciertamente se quedó corto en lo que respecta al tercero.

Soluciones más radicales

El Protocolo de Montreal, negociado en 1987 para proteger la capa de ozono, logró los tres objetivos, en parte gracias a la prohibición de establecer un mercadeo de emisiones de clorofluorocarbonos entre las partes firmantes y las no firmantes del protocolo. Como consecuencia de la prohibición, una vez que la gran mayoría de países se adhirieron al acuerdo, a los más reticentes no le quedó más remedio que hacer lo propio. William Nordhaus, premio Nobel de Economía en el 2018, analizaba recientemente la posibilidad de seguir una receta similar para el caso del cambio climático. Según esta, los países miembros del “club climático” que hubieran acordado reducir sus emisiones deberían imponer una tasa a las importaciones procedentes de los países no miembros para así presionarles a solicitar su ingreso. Sin embargo, los resultados de su análisis mostraban que a medida que las tasas al carbono aumentaban hasta alcanzar el nivel deseable para estabilizar el clima, el número de miembros del club caía de forma radical.

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Se han propuesto fórmulas para minimizar los inconvenientes asociados a la propuesta de Nordhaus. Sin embargo, ha llegado el momento de contemplar soluciones más radicales. El informe especial del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de octubre del 2018 sugiere que limitar el aumento de la temperatura media del planeta a 1,5ºC no podrá lograrse simplemente reduciendo las emisiones, sino que requerirá retirar el CO2 ya almacenado en la atmósfera. Toda acción efectiva para combatir el cambio climático pasa por eliminar el CO2 mediante procesos industriales, lo que transforma la solución al problema que queremos resolver, de un cambio de comportamiento a un ambicioso proyecto científico-tecnológico a gran escala, financiado globalmente y que involucra a todos y cada uno, sin exclusión, de los sectores de la sociedad.