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Un hito de la lucha obrera

Ilustración de Trino.

TRINO

100 años de la huelga de La Canadenca

Javier Pacheco

En Catalunya y España hacen falta liderazgos valientes que construyan puentes y pongan en práctica lo que representa la histórica protesta

Entre el 5 de febrero y el 21 de marzo de 1919, el movimiento obrero en Barcelona puso la semilla de un modelo sindical que aún persiste hoy en día, con la histórica huelga de La Canadenca. Aquel conflicto no solo supuso una de las principales conquistas del movimiento obrero a lo largo de su historia, la jornada de ocho horas, significó también la consolidación de un sistema de organización de los trabajadores y trabajadoras que, mediante la solidaridad de clase , construyen un marco de contrapoder para luchar por el reparto de la riqueza producida en el trabajo y para la mejora de los derechos de ciudadanía y derechos nacionales de la clase obrera catalana.

A principios del siglo XX, el país estaba inmerso en un proceso de transformación por el impacto de la revolución industrial, de batalla política para definir un sistema democrático, republicano frente a sistemas monárquicos o fascistas incipientes y la irrupción del comunismo de la mano de la Revolución Rusa. Catalunya era motor de transformación en todo el Estado y la movilización social fue referente en la articulación de espacios de organización popular y del movimiento obrero. La CNT lo lideraba como sindicato mayoritario de los trabajadores catalanes.

El éxito de la huelga comenzó antes de su convocatoria, con la organización de la gente trabajadora con criterio de clase, cuando la CNT de la mano de Salvador Seguí, el 'Noi del Sucre', comenzó a pasar de ser un modelo gremial a un sindicato de ramos ampliando su ámbito de actuación, siempre defendiendo los derechos nacionales de Catalunya que en aquellos momentos estaban cuestionados por el sistema político predominante. Esto ayudaba a cohesionar los intereses de clase y defender los derechos sociales en el proceso de cambio organizativo del sindicato. Era fundamental para la CNT construir un modelo que reuniera a todo el movimiento obrero en defensa de los intereses de clase, como actor sociopolítico que transformara y mejorara la vida de millones de personas trabajadoras.

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La huelga fue la brida que juntó los diferentes intereses de los trabajadores. Desde un conflicto y una reivindicación concreta a la empresa eléctrica La Canadenca -salario, jornada y reincorporación de despedidos- hasta la huelga general que era la expresión de la solidaridad obrera que movió los cimientos de un régimen que ahogaba a las clases populares.

Organización, sindicato de ramos, solidaridad y, por último, liderazgo sindical que garantizaba que los esfuerzos y sacrificios de cientos de miles de personas no cayeran en un callejón sin salida. Salvador Seguí y un conjunto de dirigentes sindicales supieron interpretar la necesidad de poner fin al conflicto valorando las ganancias y las pérdidas de un proceso que con el tiempo todo el mundo ha considerado como una victoria histórica del movimiento obrero. Esto no estaba tan claro en la plaza de toros de las Arenas, aquel marzo de 1919, con 25.000 personas en asamblea, con un montón de obreros presos por la huelga, con trabajadores despedidos, con una fuerte tensión social sin precedentes. Pero aquellos liderazgos tuvieron la valentía y la inteligencia de defender un acuerdo que doblaba las fuerzas del Gobierno y las patronales.

Aquel conflicto significó un punto de inflexión, porque meses después, en el congreso de Sants, la CNT cerrara la reformulación del sindicato con los sindicatos de ramo, de clase y nacional, sociopolítico y de masas, modelo que ha representado un referente para el sindicalismo actual, y que se referencia en el primer sindicato del país, CCOO.

Organización, presión, negociación y acuerdo

La huelga de La Canadenca ha dejado huella con las 8 horas de jornada laboral, con el modelo sindical mayoritario del país y con miles de conflictos que han seguido la fórmula de: organización, presión, negociación y acuerdo.

Aquellas enseñanzas nos deben servir ahora en Catalunya y España, para recordar que vivimos momentos de profundas desigualdades sociales, de retroceso de derechos y libertades, de cuestionamiento de derechos nacionales por una derecha recentralizadora al Estado.

En Catalunya y España hacen falta liderazgos valientes, inteligentes y comprometidos con la sociedad, políticos y sociales, que pongan en práctica lo que representa la huelga de La Canadenca y que, de manera organizada, con capacidad de propuesta, con compromiso con la negociación y con habilidad en los mecanismos de presión, construyan puentes de solidaridad que logren acuerdos que signifiquen una solución política y social para la ciudadanía que la historia valorará como una conquista de la cohesión y la convivencia social. ¡Viva la huelga!