Ir a contenido

LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA

Beto O’Rourke se dirige a la multitud durante la marcha en El Paso.

PAUL RATJE (AFP)

Un guitarrista punk en la carrera presidencial

Ramón Lobo

Beto O'Rourke, aunque lentamente, tiene posibilidades de convertirse en el presidenciable demócrata y combatir a Trump

Les voy a confesar un secreto: me gusta Beto O’Rourke, el último en sumarse a la carrera hacia la Casa Blanca. Representa un soplo de aire fresco en un Partido Demócrata un tanto alicaído que empieza a recuperarse del mazazo del 2016: la inesperada derrota de Hillary Clinton ante Donald Trump. Aún falta por anunciarse Joe Biden, vicepresidente con Barack Obama durante ocho años, que lidera casi todas las encuestas de los presidenciables anti-Trump.

Cada partido elige a su candidato oficial a través de un complejo, agotador y, sobre todo, muy costoso sistema de primarias. La carrera empezará en Iowa el 3 de febrero del 2020. Aunque parece un método democrático, que lo es, manda el dinero. Quien más fondos recauda tiene más posibilidades de alcanzar la meta. No existe una separación legal definida entre grandes donantes y candidatos, lo que provoca desconfianza sobre las posibles deudas contraídas con las grandes corporaciones. Sucede sobre todo en las elecciones al Congreso. 

Me gusta Beto –ese será su nombre de campaña- porque es un corredor de fondo, entiende el mundo cambiante en el que vive y maneja con maestría las redes sociales, una nueva fuente de financiación que reduce la dependencia del esquema tradicional. En su campaña al Senado en Texas -el pasado noviembre, escaño que perdió por un estrecho margen (50,9%-48,3%) ante Ted Cruz, un peso pesado del Partido Republicano-, logró recaudar 80 millones de dólares en contribuciones individuales. Un récord. Veremos si lo puede repetir en una campaña nacional.

El más parecido a Obama               

Es el aspirante más parecido a Obama, el que podría generar una ola de ilusión, un Yes We Can 2.0, pero esta vez de verdad, que derrote a Trump en otoño del 2020. Tiene el verbo fácil, se parece a Bob Kennedy y transmite cercanía y, sobre todo, credibilidad. Parece uno de los nuestros, por eso gusta tanto a los menores de 45 años, la franja de edad que más confía en él.

Un reciente análisis de la CNN destacaba dos diferencias con Obama: el expresidente tenía una bandera -era contrario a la guerra de Irak- y partía de una intención de voto del 20%. Beto arranca con un modesto 6%. Está en quinto puesto detrás de Biden, Kamala Harris,  Bernie Sanders y Elisabeth Warren. Su historial de voto en los seis años que estuvo en la Cámara de Representantes le sitúa en el ala moderada. No se sabe aún cómo funcionará entre las minorías. Al menos habla español.

Habrá tres ejes de debate: qué perfil tiene posibilidades de derrotar a Trump; qué discurso movilizará a más personas –¿moderado o de izquierda?-, y la edad. Trump tiene 72 años. En frente, por citar a los más importantes, estarán Sanders (77), Biden (76), Warren (70) y tres cincuentones: Harris (54), Kristen Gillibrand (51) y Cory Brooker (49). O’Rourke (46) está entre los más jóvenes.

Un discurso más socialdemócrata

La presencia de Sanders –la estrella de las primarias del 2016- y de Warren influirá en que el discurso general sea más socialdemócrata (en EEUU suena casi a comunista). Biden sería una apuesta segura, pero se trata de un hombre del sistema. Tiene el perfil más presidenciable, pero también sería el más vulnerable. Ha tenido una carrera política tan larga que es difícil que no tenga puntos débiles.

Kamala Harris es mujer y negra, algo que puede descolocar a Trump. Ella y O’Rourke serían las apuestas más transversales, las que pueden movilizar el voto moderado, y el de conservadores escandalizados por la deriva. Serían un excelente ticket para derrotar al Trump-Pence.

Entre bambalinas se mueve Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes. No es candidata, pero marca el ritmo del desgaste del presidente. Es inteligente y hábil. Descarta un 'impeachment' porque sería divisivo. Lo descarta porque no lo necesita. Hay que esperar al informe del fiscal especial de la llamada pista rusa.

Once meses de margen

Beto necesitará una gran remontada. Tiene 11 meses hasta la primera cita en Iowa. Su reto es repetir Texas, donde partió de la nada y estuvo a punto de derrotar a Cruz. Es un tipo que mueve pasiones y multitudes. El modelo a imitar es el candidato Bill Clinton de 1992. Obtuvo un paupérrimo 2,91% en Iowa y un discreto segundo lugar en New Hampshire. Tardó semanas en despegar, pero lo hizo a lo grande en Carolina del Sur. Desde entonces fue imparable.

Algo debe tener O’ Rourke cuando ya ha conseguido un insulto personalizado de Trump, que le llamó loco por mover mucho las manos al hablar. Y eso que no sabe que fue guitarrista punk en su juventud. Deben guardárselo como bomba atómica por si despega en las encuestas.