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Discriminación

Estudiantes de la Universitat de Valencia se manifiestan ante el Rectorado.

MIGUEL LORENZO

Capaces, pero con las puertas cerradas

Emma Riverola

Las mujeres tienen un 30% menos posibilidades de conseguir una entrevista de trabajo, ese 30% menos arrastra un rosario de discriminación que amenaza con enredarse en nuestras hijas

Cada 8 de marzo, un alud de cifras prueba la discriminación que sufren las mujeres. Este año destacaba un estudio del Observatorio Social de La Caixa realizado por un grupo de investigación de la Universitat Pompeu Fabra. Más de 5.000 currículos ficticios fueron enviados a ofertas de trabajo reales en Madrid y Barcelona. La conclusión fue demoledora. En igualdad de capacidades, las mujeres tenían un 30% menos posibilidades de conseguir una entrevista. ¡Un 30% menos! Y en el inicio del proceso de selección. ¿Somos conscientes de lo que esto significa?

En una sociedad empeñada en decirnos que valemos lo que poseemos, lo que ganamos, ese 30% determina algo más que el acceso a una entrevista. Desnuda perfectamente las dificultades de las mujeres para desarrollar nuestro proyecto de vida profesional. Un terreno de juego sembrado de obstáculos donde se decide algo más que nuestra independencia. Porque ese 30% arrastra un rosario de discriminación que, de algún modo, amenaza con enredarse en nuestras hijas.

Con un 30% menos de posibilidades de ser atendida, es fácil que el envío de currículos se vuelva menos exigente, menos ambicioso. Ya no se busca el trabajo que más se ajusta a las aptitudes, se busca... un trabajo. Un empleo peor pagado, en peores condiciones. Ese sueldo que, en caso de tener hijos y si la economía familiar anda bajo mínimos, será sacrificado en pos del cuidado de los niños. ¿Por qué pagar a alguien que cuide de los hijos si va a costar algo más de lo que gana la madre? Esta es la pregunta trampa. La que sigue ligando a las mujeres al hogar. La que ofrecerá a tantos niños el ejemplo a seguir. Para ellos, el mundo. Para ellas, la invisible (e imprescindible) intimidad de los cuidados.

Vivimos en una sociedad hincada en la desigualdad en la que los ingresos compran los privilegios y marcan el peso del reconocimiento social de las personas. Las puertas del mercado laboral están un 30% más cerradas para las mujeres. Su sombra nos humilla diciéndonos que valemos menos.