Ir a contenido

La clave

Josep Lluís Trapero y su abogada, Olga Tubau, en su comparecencia en el Tribunal Supremo.

SEÑAL TRIBUNAL SUPREMO

Juicios y titulares

Albert Sáez

Pocos juicios han tenido tanta audiencia y ha generado más titulares que el que se celebra en el Tribunal Supremo sobre el llamado 'procés'. Curiosamente ni el juicio sobre el 23-F ni la causa del 11-M (que por cierto ahora Casado cuestiona alegremente como un hiperventilado de Twitter) generaron tanta expectación. De manera que magistrados, fiscales, abogados, acusados y testigos miden sus palabras sabiendo que están en un plató de televisión en riguroso directo y sometidos al escrutinio permanente de las redes sociales. Pocas veces se ha impartido una lección tan masiva y transparente del llamado principio de "contradicción" que gobierna las instrucciones judiciales en la búsqueda de esa verdad siempre escurridiza y poliédrica. El juicio del Supremo nos permite comparar al menos tres métodos de aproximación a la verdad. Sobre un mismo hecho, la justicia gasta miles de folios con documentos, declaraciones, pruebas,... y tarda aproximadamente dos años en emitir su veredicto. La política, por su lado, entra y sale del tribunal al ritmo de una agenda que olvida mañana lo que hizo ayer, como muy tarde. Y el periodismo trata de juzgar las cosas mientras están ocurriendo, presuntamente al servicio de los ciudadanos pero que en muchas ocasiones no les proporciona otra cosa que ruido. 

Los sabios del procedimiento judicial, como el profesor Jordi Nieva, dirimirán si la exposición mediática está teniendo algún tipo de influjo en el propio desarrollo de la causa y en su sentencia final. A los profanos nos parece que hay muchas preguntas y muchas respuestas que se están haciendo pensando en las cámaras y en Twitter. De hecho, es habitual que un mismo testigo protagonice tuits y titulares contradictorios. También el propio tribunal parece poseído por este síndrome del show de Truman que traspasa toda la causa judicial. Algunos han querido ver en ello la existencia de una realidad paralela específicamente en Catalunya. Pero la justicia sabe que hay tantas versiones como puntos de vista, por eso los somete al principio de contradicción. Y, al final, lo que cuenta son las evidencias, esa palabra anglosajona tan precisa que traducimos fatal cuando las llamanos pruebas

Mientras, haríamos bien periodistas, políticos y tuiteros en no utilizar a los que acuden a declarar como ninots de las Fallas a los que pintamos del color que más nos conviene. Los testigos son personas. La mayoría de ellos profesionales que, como todos nosotros, intentan ganarse honradamente la vida en base a su capacidad y experiencia. La cobardía de los políticos de uno y otro lado les convirtió en octubre del 2017 en involuntarios actores de una disputa que debería haberse librado en los parlamentos y no en las calles. No fue así, pero ahora al menos no les arruinemos la vida. Pérez de los Cobos Trapero se apuntaron a hacer de policías. Su manera de entender el oficio es distinta. Puede ayudar a las acusaciones o a las defensas pero en todo caso no la construyeron para dirimir asuntos como el 1-O.