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RETRANSMITIR UN CRIMEN

Cordón policial entorno a una de las mezquitas atacadas en Christchurch, Nueva Zelanda.

AP PHOTO / MARK BAKER

Sangre fría y planificación

David Garriga

Grabar una masacre como si fuera un videojuego dice mucho de la mentalidad del asesino

Hoy nos hemos despertado con la terrible noticia de un atentado terrorista perpetrado contra ciudadanos musulmanes en dos mezquitas de la localidad de Christchurch, en Nueva Zelanda, dejando decenas de muertos. Lo sobrecogedor, aparte de las muertes y la sangre fría del autor del atentado, ha sido la difusión del video de 17 minutos de duración del ataque a través de FacebookLive por parte de uno de los terroristas.

El autor manifiesto de esta masacre, Brenton Tarrant, es un australiano de 28 años que ha emitido en directo a través de las redes sociales la matanza, viéndose en ella su llegada al lugar de los hechos junto a los disparos perpetrados contra las víctimas inocentes e indefensas que se encontraban en el interior del centro de culto.

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Analizando las imágenes de cómo se perpetró el atentado podríamos destacar, en primer lugar, la similitud del vídeo subido a las redes sociales por parte del terrorista con algunos videojuegos de carácter violento; incluso el propio autor, en su manifiesto, describe algunos de estos como inspiradores para el atentado ('Spyro', que le enseñó el etno-nacionalismo, y el 'Fortnite', con el que aprendió a ser un asesino), aunque de forma sarcástica. Además, su tranquilidad a la hora de ejecutar la masacre, el dia escogido (un viernes, día festivo para los musulmanes), el conocimiento de la zona, el manejo del arma, entre otras evidencias, nos indica que no estamos ante un acto improvisado sino que ha habido un tiempo de planificación detrás. De igual modo, su actitud posterior al atentado no sería la de huir; seguramente se siente orgulloso de su obra y necesita el reconocimiento.

Si nos centramos en la perfilación del terrorista, podemos observar que el hecho de publicar en directo la masacre indica que normaliza el acto violento y lo legitima, creyendo que lo que esta haciendo es lícito y que tiene autoridad moral para hacerlo.

Las insignias escritas en los cargadores tampoco lo son al azar. Hacen referencia a gente que luchó y venció a los musulmanes y a la extrema izquierda a lo largo de la historia, mensajes islamófobos y de carácter neonazi. Estos nombres seguramente simbolizan referentes para el autor de los crímenes, relacionando su ideología no tan solo en contra del islam y los musulmanes, sino también con una ideología supremacista.

Hechos como este nos tienen que hacer reflexionar si no estaremos asistiendo a una radicalización de la sociedad occidental a través de narrativas radicales de poca o nula credibilidad pero con mucha carga emocional. Muchas veces, bombardear en las redes sociales propaganda no analizada sobre amenazas continuas por parte de supuestos grupos terroristas puede producir un efecto peligroso, dando la sensación de amenaza continua y ayudando a crear más xenofobia hacia algunas comunidades que erróneamente se vinculan con grupos terroristas.