Ir a contenido

Editorial

Los viernes por el clima

La protesta de los estudiantes es un grito desesperado de las nuevas generaciones que nos atañe a todos y que no admite demoras

Una imagen de la manifestación por el clima de Madrid.

Una imagen de la manifestación por el clima de Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

En más de 2.000 ciudades de todo el mundo se ha escenificado este viernes, a nivel global, la protesta de los más jóvenes contra la ineficacia de gobiernos e instituciones para frenar el cambio climático descontrolado. La reivindicación de medidas más eficientes para que al menos puedan llevarse a cabo, de manera efectiva, los acuerdos de París (2015), tuvo un acelerador decisivo en agosto del 2018, cuando la estudiante sueca Greta Thunberg, de 16 años, decidió emprender una huelga cada viernes ante el Parlamento de su país para “despertar y cambiar” a una humanidad que asiste, más o menos impávida, más o menos reticente –como se percibió en la reciente cumbre del clima de Katowice–  a un desastre ecológico de consecuencias imprevisibles. “No teníamos alternativa”, ha declarado Thunberg, que se ha convertido en la líder mediática y constante de un movimiento –Fridays for Future, Youth for Climate– que es consciente de que ya casi no queda tiempo para evitar la catástrofe del calentamiento global, la superación de los dos grados de la temperatura del planeta a finales del siglo XXI.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

La pertinaz reivindicación de Thunberg, participante en los foros sociales y económicos más destacados, aun con el enorme apoyo cosechado, corre el riesgo de ser recibida con corrección política, pero sin hechos concretos. La protesta de los estudiantes es un grito desesperado de las nuevas generaciones que nos atañe a todos y que no admite demoras.