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Dos miradas

Albert Rivera, Fernando Grande Marlaska  y Pablo Casado, junto a las víctimas del 11-M en un acto de conmemoración en el Retiro.

JOSE LUIS ROCA

Mentiras

Emma Riverola

Ya solo en términos partidistas, que Casado resucite la inmoral gestión del 11-M precisamente en precampaña electoral, es de una necedad notable. Que, en el 15º aniversario de la matanza, vuelva a jugar con las víctimas, es de una perversión profunda

La estulticia es inagotable. La irresponsable e insultante estulticia no sabe de nada, ni siquiera de límites. Pablo Casado se empeña cada día en dar fe de inconmensurabilidad. Así, este hombre que aspira a presidir España aprovechó el 15º aniversario del 11-M para pedir que se desclasifique cualquier información sobre los atentados terroristas y que se “llegue a la verdad”. Con sus palabras resucitó la inmoral gestión que el Gobierno de Aznar hizo del atentado. Creyeron que si atribuían los atentados a ETA podrían arrasar en las elecciones. Pero fueron los yihadistas, y la mentira les costó cara. El PP nunca digirió la investidura de Zapatero.

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Ya solo en términos partidistas, que Casado resucite la inmoral gestión del 11-M precisamente en precampaña electoral, es de una necedad notable. Que coincida con Vox en el argumento, es de una torpeza supina. Que, en el 15º aniversario de la matanza, vuelva a jugar con las víctimas, es de una perversión profunda. Casado pide la verdad, cuando su partido quiso enterrarla bajo toneladas de inmundicia. El líder del PP se pasea frívolamente por todos los problemas de España, por todos los dolores, y no le importa encenderlos. No hay afán de solución, solo ese empecinamiento en estropearlo todo un poco más, en rociar con sal las heridas. Un mal que se extiende a un lado y otro del Ebro. Especialmente provocado por todos aquellos que cargan sobre sus hombros el peso de las mentiras.