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EDITORIAL

El contorsionismo como política

Puigdemont solo se presenta a las europeas para disputar a Oriol Junqueras la hegemonía independentista

Puigdemont, en un coloquio de la Universidad de Groninga, el pasado febrero.

Puigdemont, en un coloquio de la Universidad de Groninga, el pasado febrero. / NJO DE HAAN (AFP)

Carles Puigdemont y Quim Torra siguen administrando de forma irresponsable los votos que les dieron cientos de miles de catalanes y los representantes de estos en el Parlament, yendo en sus actos contra los intereses, no solo de la mitad de los ciudadanos que nunca los apoyaron sino incluso de los de sus propios electores y simpatizantes. Torra es un especialista en defender causas simbólicasLos símbolos son importantes pero no pueden ser sustantivos. Los votantes de Junts per Catalunya, de Esquerra y de la CUP están en su derecho de expresar sus opiniones contrarias al encarcelamiento de sus dirigentes y al proceso judicial que se sigue en el Tribunal Supremo. Pueden dedicar a ello su tiempo en el Parlament, lucir en sus solapas sus lazos amarillos y desplegarlos en la vía pública. Pero no deberían teñir de amarillo los espacios públicos institucionales, como les acaba de exigir la Junta Electoral. Llegar a caer en un delito de desobediencia por este empecinamiento es simplemente ganas de hacer contorsionismo.

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Con todo, Torra no deja de ser un alumno aventajado de quien le puso en el cargo, Carles Puigdemont. Su último movimiento ya no engaña ni a los más convencidos, porque se repite: dice ahora que volverá a Catalunya si sale elegido eurodiputado. Todo el mundo sabe que solo se presenta a esas elecciones para disputar a Oriol Junqueras la hegemonía independentista. Se podría ahorrar otro engaño, porque los que le votaron el 21-D para que volviera aún le esperan.