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Análisis

La primera ministra británica Theresa May, el 10 de marzo del 2019. 

Daniel Leal Olivas (AFP)

Y Theresa May casi enmudeció

Josep Martí Blanch

Todo parece indicar que la prórroga del 'brexit' es inevitable, aunque nadie sepa muy bien para qué va a servir

El Parlamento británico le ha dicho de nuevo a Theresa May que su acuerdo con la Unión Europea no sirve. A la 'premier' la han vuelto a zurrar tanto sus correligionarios como la oposición. No hay manera que el Parlamento británico encuentre la salida al lío en el que anda metido a cuenta del 'brexit' y la imposibilidad de articular una mayoría que sirva para encontrar una salida, la que sea, al embrollo que parece no tener fin.

La afonía de Theresa May no presagiaba nada bueno. Agotada en su negociación con Bruselas y por los varapalos que recibe día sí, día también en casa, llegó al final del trayecto de su acuerdo con la carta del chantaje bajo el brazo: “El 'brexit' puede perderse”. Pero sus palabras solo consiguieron cambiar un numero a todas luces insuficiente de votos respecto a la hecatombe de la primera votación del acuerdo en enero. Por la mañana el abogado general Geoffrey Cox ya daba una primera estocada a May haciendo pública una nota en la que dejaba claro que nada sustancial había cambiado con la última ronda de negociaciones sobre la campana en Estrasburgo. Así las cosas, la votación de la tarde en la Cámara de los Comunes pasó a ser casi un trámite que había que cumplir. Finalmente, si en enero May perdió por una diferencia de 230 votos, ahora la derrota ha sido 'solo' por 149. En todo caso, el resultado es el mismo.

¿Y ahora qué? El Parlamento va a seguir votando esta semana resoluciones muy importantes. La primera sobre la posibilidad de abandonar la UE a las bravas y sin acuerdo. Como quiera que solo los más duros del lugar están a favor de este escenario no parece que esto pueda contemplarse. La otra votación será sobre la extensión del artículo 50 para alargar el plazo más allá del 29 de marzo (fecha inicialmente prevista para la salida de la UE). Todo parece indicar que la prórroga es inevitable, aunque nadie sepa muy bien para qué va a servir exactamente ni cómo va a concretarse puesto que plantea cuestiones legales de fondo con las elecciones al Parlamento europeo convocadas para el próximo 26 de mayo.

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May en su última intervención defendió, casi enmudecida y con solo un hilillo de voz, la necesidad de dar cumplimiento a lo que los británicos votaron en el referéndum a través de un acuerdo y también insistió en que una prórroga no va a cambiar nada porque Europa ya ha dejado claro que no va a haber ni renegociación ni más aclaraciones a lo que ya está acordado desde hace meses.

La frivolidad parece haberse apoderado ya de muchos parlamentos y el británico no es una excepción. Que a 19 días de la fecha inicialmente prevista el Reino Unido no sepa todavía a qué atenerse puede que sea un síntoma de los tiempos en los que vive instalada la política del presente, pero no deja de ser una grave irresponsabilidad. Tiempos en los que nada puede analizarse según los modelos clásicos de la política. Los dos revolcones a May en el Parlamento hubiesen significado en cualquier otro momento su dimisión o su asesinato político. Ahora solo es el prólogo de un nuevo capítulo con los mismos actores y el mismo guión. El 'show' continua. Nadie sabe hasta cuándo.