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Dos miradas

Conferencia de prensa del presidente de Catalunya Quim Torra y el expresidente Carles Puigdemont

Thierry Roge (AFP)

Alambre de espino

Emma Riverola

Los moderados, a su casa. Los incondicionales, a la arena pública. No hay perdón para los que tratan de avanzar un paso hacia el adversario

Estamos envolviendo el diálogo de alambre de espino. Que atemorice, que duela, que atrape a los que se atreven a acercarse hasta hacerles sangrar. Los moderados, a su casa. Los incondicionales, a la arena pública. No hay perdón para los que tratan de avanzar un paso hacia el adversario. El desprestigio de la política de pactos erosiona el propio sentido de la democracia. Si no sirve para construir espacios capaces de acoger a la diversidad, ¿para qué sirve?

El independentismo sigue la senda de la agitación emocional. Ya superó los valles y solo le queda seguir escalando los peñascos. Apenas quedan rastros de lo que en su día representó CiU para millones de personas. Pacto, orden y tradición. ¿Ya nadie quiere lo que entonces se ofrecía? Puigdemont ha impuesto la ofensiva. Solo aquellos dispuestos a defender la trinchera son aceptados. El relato combativo se impone en buena parte del 'agit-prop' nacionalista. También en el sutil, pero pertinaz blanqueo de ETA. ¿Nos damos cuenta de a dónde nos conduce eso?

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Pero no hay culpables únicos. Y, al fin, todos seremos responsables de lo que está por venir. Porque vendrá. Unos por no haber denunciado lo suficiente. Otros, por obra. Y muchos más, por omisión. Por dejarse vencer por la cobardía, por no gritar que el rey va desnudo, por no reconocer todos los errores y alzar la voz para frenar el despropósito. Vendrá y nos encontrará inmóviles, enredados en alambre de espino.