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análisis

Florentino Pérez, durante una rueda de prensa, hace un año, en Madrid

JUAN MEDINA (REUTERS)

La aparente transparencia de Zidane y Ramos

Sònia Gelmà

¿Por qué se fue Zidane para volver diez meses después? ¿Qué ha cambiado para que esta plantilla ya no necesite escuchar un mensaje diferente al suyo? ¿Tiene ahora libertad para hacer la limpieza que no se atrevía o no le dejaban hacer el verano pasado? ¿Por qué considera necesario coger el equipo a falta de 11 jornadas de liga? ¿Avisó a Florentino de que esto podía pasar? ¿Qué hará con Bale? ¿Y con Isco? ¿Recuerda alguna segunda parte que fuera mejor que la primera?

Son preguntas que hubiera podido hacerse Zidane en una autoentrevista si tuviera una presencia en las redes sociales tan activa como la de su capitán. Tuvimos que conformarnos con una rueda de prensa convencional que sirvió para concluir que Zidane vuelve porque Florentino le llamó y lo quiere mucho. El francés dejó muchas preguntas sin responder, pero tuvo claro lo que quería decir. Supo ser elegante hacia los entrenadores que han dirigido el equipo en este intervalo y volvió a enseñar una autocrítica mucho mayor que la de su presidente. Al francés, la Champions no le vale.

Zidane quizás no tiene el punto innovador de Sergio Ramos, pero exhibe un gran control del mensaje. En ese sentido, la intención comunicativa de ambos es la misma: una sinceridad relativa, una transparencia solo aparente. No significa que quieran ser vacíos en su contenido -aunque el técnico amagara con un “no tengo nada que decir” inicial-, sino simplemente que quieren transmitir un mensaje que no dañe sus intereses.

La opción elegida por Ramos le permite dirigirse directamente a sus aficionados, sin intermediarios. Pero las redes sociales se deberían entender como un complemento y no como un sustituto del periodismo. Porque a simple vista, Sergio Ramos ha dado la cara ante los aficionados, pero esa cadena de mensajes en la que se cuestiona una serie de temas tiene una trampa muy fácil: el entrevistado elige las preguntas.

¿Y la repregunta?

Ramos se olvida de la repregunta. Por ejemplo, asume el error de la tarjeta forzada ante el Ajax. Pero aquí, un periodista le hubiera cuestionado si se equivocó también su entrenador cuando le dio permiso para buscarla. O respecto a la decisión de grabar el documental, si fue consensuada con su club. Si alguien le llamó la atención al respecto. Si la relación con Florentino es reconducible, si está dolido con él o si aprueba su planificación deportiva. Incluso no hubiera estado de más preguntarle por su relación con Isco.

Hay una parte de la afición y de sus protagonistas que considera que la función del periodista es innecesaria e incluso nociva. No negaré que puedan tener parte de razón cuando acusan de cierta mala praxis, pero está a su alcance la capacidad de discriminar las conductas honestas de las deshonestas. La elección de Ramos debería hacer reflexionar a nuestro colectivo, que, por supuesto, comete muchos errores. Pero una autoentrevista nunca será mejor que una conversación en la cual el que pregunta no tiene todas las respuestas. Por eso pregunta.