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Coutinho, en el partido del sábado ante el Rayo Vallecano.

REUTERS / ALBERT GEA

Sufrir por Coutinho

Jordi Puntí

El crédito del brasileño parece ir en paralelo a los millones que costó su fichaje

Esta jornada, Paco Alcácer ha vuelto a marcar un gol importante con el Borussia Dortmund, el que abría la victoria de su equipo. Después de varias semanas lesionado, y en solo media temporada, lleva ya los mismos goles con el equipo alemán, 15, que en sus dos años en el Barça. Me pregunto como ve hoy Alcácer su paso por el Barça: si fue un error necesario o una bendición desgraciada. Lo mismo ocurre con otros jugadores que tuvieron sus 15 minutos de fama en azulgrana: André Gomes, Yerry Mina, Digne, Aleix Vidal... Leo sus nombres en las alineaciones titulares y me alegro por ellos, pero reconozco que tengo más simpatía por Sergi Samper, que esta semana ha dado por fin salida a su situación.

A diferencia de los otros casos, con Samper siempre nos quedará la duda de si podría haber triunfado en el primer equipo. Tomo como referencia brillante a Sergi Roberto, cuyo afán y capacidad de adaptación le han convertido en un jugador importante. Como en la vida, tarde o temprano todos los jugadores acaban descubriendo qué papel les ha tocado en el teatro del fútbol. Un secundario en un equipo puede llevarse todos los aplausos en otro. Además, sabemos por experiencia que la idiosincrasia del Barça es particular y pide un tipo de futbolista especial. Llevamos años viendo ejemplos de éxito y de decepciones inesperadas. Por eso es tan importante la cantera, la Masia: si a un jugador le has visto evolucionar desde los 12 años, la distancia entre las expectativas que crea y lo que acaba ofreciendo es más previsible y más fácil de ajustar al grupo.

Deriva técnica

Frente al esquema didáctico, sorprende la deriva que está tomando la dirección técnica del Barça con algunos fichajes: al lado de aciertos evidentes como Arthur o el futuro De Jong, jugadores como Boateng Jeison Murillo -o incluso Arturo Vidal a sus 31 años- no están destinados a dejar huella. En el caso del chileno, como mínimo tiene el favor de Valverde, que por otra parte es poco amante de los riesgos; pero no parecen ser opciones de futuro. Al contrario: como tienen una carrera ya hecha, su suplencia tiende a la decepción y, por tanto, al desequilibrio en la plantilla. Por no hablar de la frustración que genera en los jóvenes del B, que ven su futuro comprometido por decisiones aleatorias.

Todo lo cual nos lleva a hablar de Coutinho. No recuerdo a un jugador que haya gozado de tanta paciencia por parte del entrenador, como si su crédito fuese en paralelo a los millones que costó su fichaje. Quizá es pronto para tirar la toalla, pero cada vez más se acerca a uno de esos casos de desajuste inevitable. El sábado, frente al Rayo, volvió a desaprovechar una nueva ocasión, aunque tampoco ayudó el ritmo diésel que adoptó el equipo.

Viéndole perdido en su zona, me di cuenta de que con Coutinho hemos entrado en una  nueva fase. Ahora ya no nos molesta o indigna, aunque algunos le silben: ahora nos hace sufrir. Le vemos moverse y sufrimos, le vemos fallar un pase o perder un balón y sufrimos por él. Ahora ya queremos que le salga un buen partido para dejar de sufrir nosotros.