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En torno al 8-M

El polémico cartel de Podemos sobre el regreso de Pablo Iglesias.

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Pablo Iglesias y el Fairy

Olga Merino

Cuánta pedagogía queda por hacer, entre los sobrevenidos al feminismo por postureo y entre quienes pretenden convertirlo en una arma arrojadiza

En los últimos días, dejando el juicio del Supremo aparte, han brotado tantas amanitas faloides en el estercolero que cuesta decidirse por una sola para pergeñar una columna. Me refiero a las perlas propiciadas por el 8-M: el “feminismo liberal” de Ciudadanos, el ojo maquillado con rímel de Alejandro Sanz, la frasecita del Papa Francisco (“el feminismo es machismo con faldas”), la consigna suscrita por alguna voz preclara (“no soy feminista, sino femenina”, como si fuera un oxímoron) y las explicaciones de la CEOE sobre la brecha salarial, atribuida a “diferencias psicológicas”. Pero sobre todo, sobre todo, ay, el cartel de Pablo Iglesias con el anuncio de su regreso a la ciénaga política. ¡Bruto, hijo mío, también tú!

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Aparecía el secretario general de Podemos de espaldas, puño en alto, en una pose mesiánica, frente a un mar de mujeres teñidas de lila y bajo la leyenda “vuELve”, con el pronombre personal resaltado. La otra noche, Wyoming tuvo mucho gracia en la tele al calificar el pasquín de “óleo sobre ego”. Recordaba mucho el asunto al anuncio ochentero de la colonia Otelo, donde una chica guapísima salía de un coche y un macho alfa la recibía a pecho descubierto, mientras sonaba de fondo un saxo erótico y una voz en 'off' remataba la faena: “Colonia Otelo, vuelve el hombre”. El imprescindible vuelve a escena, como si la baja paternal hubiese sido un paréntesis absurdo, una piedra en el camino, como si regresara de la guerra de las Galias. Bien es cierto que el cartel tuvo una vida activa cortísima y que Iglesias se desmarcó enseguida, pero se supone que en algún momento debió de darle el visto bueno, ¿o no? Menudo patinazo.

Lo que emerge de toda esta escudella es cuantísima pedagogía queda por hacer, entre los sobrevenidos al feminismo por postureo y entre quienes pretenden convertirlo en una arma arrojadiza. El movimiento solo pretende salvar la brecha salarial, la académica, la empresarial, la doméstica y en la misma pareja. ¡Cuánta plancha todavía! Y a buen seguro que lo más difícil de erradicar será el Fairy mental de los resbalones.