19 feb 2020

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La clave

Un grupo de mujeres, en la cacelorada feminista organizada en la puerta del Sol, en Madrid, el 8 de marzo del 2018.

EFE / JUANJO MARTÍN

Hay motivos, más que nunca

Enric Hernàndez

Este 8-M la causa feminista debe mantener el empuje si aspira a alcanzar sus objetivos y neutralizar a la carcunda, aferrada al feudalismo heteropatriarcal

El último 8-M supuso un punto de inflexión en la lucha por la igualdad. La huelga feminista cosechó un notable seguimiento, y las masivas movilizaciones demostraron el grado de hartazgo de las mujeres ante la precarización laboral, la brecha salarial, la violencia sexista --dentro y fuera de la pareja--, la indulgencia judicial ante casos como el de ‘La manada’, el inicuo reparto de los deberes familiares... En suma, por la perpetuación del machismo –y también de la LGTBfobia-- como canon social en pleno siglo XXI.

Un año después de que el feminismo se erigiese, al fin, en un movimiento socialmente transversal, este 8-M se presenta al tiempo como reválida y cortafuegos. Reválida, porque toda causa  justa necesita mantener el empuje para acabar alcanzando sus objetivos. Y cortafuegos, porque esta incipiente revolución se ha topado de buenas a primeras con la respuesta de la carcunda, siempre refractaria a los avances en derechos sociales y dispuesta a asaltar el poder para apuntalar el feudalismo en forma de heteropatriarcado.

En un año políticamente convulso, la izquierda ha intentado llevar a las instituciones las demandas del 8-M. Como símbolo, el “Consejo de Ministras” de Pedro Sánchez. Como evidencia, las iniciativas en pro de la igualdad que el PSOE y Unidos Podemos, con el apoyo de otros grupos parlamentarios, han promovido en el Congreso, tarea titánica que el abrupto final de la legislatura ha dejado inconclusa.

Un virus letal

Pero, tras la oleada morada, la resaca ha esparcido por la arena los residuos retardatarios que aún persisten en nuestra sociedad. Lo inquietante no es ya que la extrema derecha rampante cabalgue a lomos del machismo, sino que haya logrado inocular su virus letal en la derecha vergonzante. Amagando con restringir el derecho al aborto y descolgándose de la manifestación del 8-M, Pablo Casado parece empeñado en achicar espacios a Vox... a riesgo de achicar el espacio electoral del PP.

Con el telón de fondo de las generales del 28-A, determinante para el porvenir de España y de la causa feminista, no cabe duda de que este 8-M hay motivos para alzar la voz. Quizá más que nunca.