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ANÁLISIS

Fotografia de archivo fechada el 12 de junio de 2018  que muestra al presidente de Estados Unidos  Donald J  Trump  d   y al lider norcoreano  Kim Jong-un  i   mientras se dan la mano al comienzo de una cumbre historica en Singapur.

THE STRAITS TIMES / SPH / EPA

Kim se la juega a Trump

Georgina Higueras

Solo el presidente de EEUU se había creído que hablando cara a cara con el líder norcoreano iba a lograr una renuncia total a su programa de armamento nuclear

La victoria de Kim Jong-un en su segunda cumbre con Donald Trump, celebrada el mes pasado en Vietnam, fue tan sonora que se permite airearla con la reapertura de las instalaciones que utiliza para las pruebas de misiles intercontinentales, según las denuncias de analistas militares norteamericanos y oficiales de la inteligencia surcoreana recogidas por The New York Times. Piongyang no ha confirmado este nuevo desafío nuclear y de cohetes, pero sería aún más escandaloso que fuese una filtración interesada de analistas y oficiales contrarios a que Trump continúe con una negociación inviable.

La decisión del presidente norteamericano de cancelar las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur, previstas para este mes de marzo, como un nuevo gesto de buena voluntad hacia Piongyang, ha sentado muy mal en el Pentágono. En declaraciones a la Voz de América, Robert Manning, miembro del Consejo Atlántico, consideró que es “uno de los muchos errores cometidos que han erosionado enormemente la posición de EEUU en el noreste de Asia”.

El mismo Trump que hace tres años calificó a Kim Jong-un de “escoria comunista”, le convirtió en junio del 2018 en un gran estadista internacional, capaz de hacer que el dirigente más poderoso de la Tierra volase a Asia para entrevistarse con él. El líder norcoreano, encantado con su estrategia, hizo que el inquilino de la Casa Blanca mordiera el anzuelo por segunda vez y se desplazara a Vietnam para una reunión de la que se marchó dando un portazo. Solo Trump se había creído que hablando cara a cara con Kim iba a lograr una renuncia total a su programa de armamento nuclear.

Reino ermitaño

Es evidente que quien ha hecho del arma atómica el seguro de vida suyo y de su régimen nunca pensó en desmantelar sus bombas a cambio de un apretón de manos, por mucho que ese apretón se lo diera el presidente de EEUU.  

Los ejemplos de Sadam Husein y Muamar el Gadafi son más que suficientes para que el líder del llamado ‘reino ermitaño’ no se deje engatusar con palabrería trumpiana y aborde con pies de plomo una negociación de la que depende el futuro de su país.

Kim Jong-il, padre de Jong-un, llegó mucho más lejos en la negociación para abandonar el programa nuclear, pero en cuanto percibió un retraso de EEUU en el cumplimiento de lo acordado hizo añicos lo pactado y reemprendió su ambición atómica.

Reconocimiento internacional

Kim Jong-un considera que su padre fue engañado por George Bush y él, después de realizar con éxito cinco ensayos nucleares, no va a dejarse desnudar por Trump. Piongyang quiere el levantamiento total de las sanciones impuestas por Naciones Unidas, el reconocimiento internacional, ayuda económica y un acuerdo de paz pendiente desde la guerra (1950-1953).

Corea del Norte parece dispuesta a desmantelar su arsenal conforme vaya consiguiendo sus objetivos, pero no al revés. En estos meses EEUU ni siquiera ha permitido la entrega de ayuda humanitaria al país asiático, pero el régimen norcoreano ha demostrado que no se achanta por el sufrimiento de su población. Kim Jong-un llegó a Vietnam más fuerte que Trump, como demuestra el revuelo levantado por el movimiento en sus instalaciones de misiles balísticos, aunque no haya amenazas de nuevas pruebas.