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Análisis

No os olvidéis de las víctimas

ELISEO TRIGO

No os olvidéis de las víctimas

Ana Bernal-Triviño

Si la extrema derecha avanza, si gana más poder, podrían cambiarse leyes que dejarían sin defensa a mujeres que sufren violencia machista, que podemos ser todas

Entramos en el 8-M en plena reacción patriarcal. Se niegan los datos, se niega la realidad, algunos políticos tienen su minuto de gloria y mientras, quienes más padecen esta situación, son las víctimas.

Cuando representantes machistas mencionan el feminismo como si no fuera un tema de derechos humanos, o lo centran en atacar a las feministas, dejamos de hablar de las víctimas del machismo. De las que ya no están y de las que lo sufren pero pueden salvarse aún. Su dolor, sus traumas, sus problemas de salud física y psicológica, los escasos recursos, la disonancia cognitiva, los estigmas, los miedos, la dependencia económica, el qué dirán, las deficiencias de los servicios de atención por los recortes, la justicia patriarcal, la violencia institucional… En definitiva, los obstáculos para pasar de víctima a superviviente.

Derechos de protección cuestionados

No es nada fácil, en absoluto. Primero no es fácil tomar conciencia como víctima. Nadie quiere serlo, cuesta reconocerlo porque el autoengaño está ahí, constante, en la mente. Segundo, es aún más complicado eliminarse la culpa que genera el maltratador, la sociedad y los medios de comunicación y, sobre todo, que tu entorno te crea sin un atisbo de duda. Y tercero, ven cada día cómo los únicos derechos que pueden protegerlas se cuestionan, se debaten en tertulias en lugar de defenderlos y se miran con lupa.  No sé si imaginan lo que es acostarse con un maltratador sin saber si estarás viva a la mañana siguiente, la ansiedad que genera cuando él castiga sin hablarte o lo que es ser violada y callar porque sabes que las miradas y las preguntas van a estar sobre ti.

Con todas esas sensaciones, esas mujeres escuchan que partidos de ultraderecha y derecha tienen representación parlamentaria con ideas que atacan a sus derechos, que las señalan como mentirosas, que las cuestionan de forma pública, que las reducen a unas vividoras o exageradas y que, en consecuencia, si todo es mentira, las anulan como víctimas. Hace poco, en una conferencia, una mujer me decía que "al menos estamos mejor que hace 40 años". Estaría bueno... Pero de avanzar ellos, de ganar más poder, de ser mayoría, cambian una ley y dejan sin defensa a las víctimas, que podemos ser todas.

"Ideología de género"

Exponen en los debates la "ideología de género", justo cuando la ONU ha condenado su uso por condicionar resultados políticos, y el Parlamento Europeo ha denunciado la involución de los derechos de la mujer en casi toda Europa. Decir, en falso, que es una ideología de género y poner derechos en tela de juicio no tiene otro objetivo que destruir el feminismo, lo único que salva a las mujeres. Y a todo buen machista le revienta ver a las mujeres salvarse.

Justo cuando el machismo se fortalece, nos llegan divisiones en algunas comisiones del 8-M. Recuerdo cuando una mujer maltratada me dijo que le agotaban los debates feministas sobre lo 'queer' o no 'queer' porque eso a ella no le ayudaba. Recuerdo a mi compañera Beatriz Ranea indicar cómo una mujer de Kenia le decía que aquella teoría, a las mujeres de su país, no les servían de nada porque se olvidaba de la desigualdad social, de la clase. A veces veo fomentar debates que no ayudan de forma directa a las víctimas y se anulan otros debates que sí debemos afrontar YA, por todas ellas.

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Las mujeres explotadas en los puticlubs de nuestras carreteras esperan de forma urgente que impidamos que vivan con las órdenes y el aliento del proxeneta en su nuca. Las mujeres explotadas que gestan para otras, a través de empresas que comercian con bebés, esperan que esto no se permita. Las mujeres más pobres y excluidas quieren ser escuchadas para conseguir dignidad. Las mujeres, sus hijas e hijos deben ser el centro nuestras acciones.

En cambio, a veces, me encuentro a algunas defendiendo una cosa y la contraria. Y, aunque de forma minoritaria, me encuentro otras más interesadas en los seguidores de Instagram y en posar con la marca de moda que les paga la camiseta. Y ahí me entra la rabia y me pregunto qué narices estamos haciendo, con una ultraderecha enfrente. Y llego a la conclusión de que solo se puede reaccionar así cuando te olvidas de las víctimas. De la que duerme con su verdugo o de la que sabe que dentro de una hora tendrá que hacer tres felaciones por 10 euros y luego vomitará de asco. Y se me coge un nudo en el estómago, las ganas de dar un golpe en la mesa y la indignación de que a las víctimas las damos de lado. No las olvidemos nunca o perdemos.