04 ago 2020

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Juicio al 'procés'

La memoria inútil

EFE

La memoria inútil

Jordi Puntí

Me sorprende la precisión fotográfica de Millo y De los Cobos al recordar unos hechos mientras que otros del mismo día se perdían en la dimensión borrosa de una multitud

Hace unos días, de repente, me acordé de que en el 2003 el músico italiano Sergio Cammariere quedó finalista en el Festival de San Remo con la canción 'Tutto quello che un uomo'. Me puse a tararear la canción y, como no me gusta especialmente, me pregunté cómo era que la recordaba con tanta precisión. No había ninguna razón aparente. Con la misma ingravidez recuerdo, por ejemplo, que la primera mujer del escritor inglés Evelyn Waugh también se llamaba Evelyn, o cuál era la matrícula del primer coche de mi padre, un Renault 6, o que la calle de los Petons, en Barcelona, es un callejón sin salida (no sé si con intenciones metafóricas). O que Vladímir Putin asegura que su abuelo fue el cocinero de Stalin. Son, ya se ve, hechos aleatorios, que más bien parecen respuestas de una tarde jugando al Trivial Pursuit, y sin embargo debe querer decir algo que las recuerde.

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Joe Brainard y Georges Perec destacaron en el arte de la memoria inútil: lo convirtieron en libro. "Recuerdo las chaquetas Nehru de cuello redondo", escribía Brainard. "Recuerdo un baile que se llamaba la 'Raspa'", escribía Perec. Todos podríamos hacer nuestras listas de recuerdos y serían igualmente curiosas, pero no sé si los jóvenes, que ya han crecido con la presencia constante de Google en la punta de los dedos, siempre con una respuesta para todo, saben apreciar las virtudes y los defectos de alimentarse de recuerdos innecesarios. Está el efecto sorpresa, la memoria que te sirve en un instante concreto algo inesperado, pero su contrapunto es la tiranía del olvido: la convicción de que hemos perdido para siempre decenas de hechos, sensaciones o palabras que fueron importantes, y ya son imposibles de separar de la morralla, por muy entrenados que estemos.

Estos días, en el juicio del 'procés', muchas preguntas de los fiscales y de la defensa empiezan igual: "¿Recuerda ...?" En más de una ocasión me ha sorprendido con qué precisión fotográfica testigos como el señor Enric Millo o el señor Diego Pérez de los Cobos recordaban algunos hechos, y cómo otros que tuvieron lugar el mismo día se perdían en la dimensión borrosa de una multitud. Se diría una memoria domesticada para no ser inútil.