dos miradas

Altruismo

La gestación subrogada es una operación comercial, "contraria a la dignidad de la mujer", como dice el Parlamento Europeo, "ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como materia prima"

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Una doctora examina a una mujer embarazada de seis meses.

Una doctora examina a una mujer embarazada de seis meses. / ELISENDA PONS

"No es un vientre de alquiler", ha dicho Inés Arrimadas, "es una gestación subrogada". Es lo que tienen los eufemismos cuando se enfrentan a la realidad: no hay argumentos para justificar la trampa evidente del discurso. En la nueva propuesta legislativa de Ciudadanos "no se ampara el pago con dinero porque hablamos de un modelo altruista". Vamos a la raíz. Altruismo se refiere al otro, al diferente a nosotros, y nos remite a la voluntad de mirar por su bien incluso si hay un perjuicio que nos afecta. Traducido a la "gestación subrogada" significa, exactamente, que una mujer se ofrece para gestar un embrión producto de un proceso de fertilidad que le es ajeno con el único objetivo de ayudar a una pareja que no puede tener hijos por su cuenta. Los perjuicios que pueden afectar a su vida le son indiferentes, porque lo que la mujer altruista quiere es beneficiar el prójimo, aunque enferme o sufra consecuencias físicas y psíquicas, sin recibir nada a cambio. Nada. Si la cosa es así, ¿por qué una ley? Todo el mundo es bueno y todo el mundo acepta esta voluntariedad altruista.

Pero es que no es así, porque se trata de una operación comercial, "contraria a la dignidad de la mujer", como dice el Parlamento Europeo, "ya que su cuerpo y sus funciones reproductivas se utilizan como materia prima". Y aquí sí que entra la compra y la venta. Y la ley. No es que no creamos en el altruismo. Lo que pasa es que no somos estúpidos, Inés.