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LA CLAVE

Enric Millo entra a declarar al Supremo, este martes.

EFE / FERNANDO ALVARADO

Cara dura en el Supremo

Enric Hernàndez

Las contradicciones de los acusados y testigos delatan que en el juicio del 'procés', como en la guerra, la primera víctima es la verdad

Si el Tribunal Supremo juzgara palabras y no hechos ya habría dictado sentencia, pues las contradicciones de acusados y testigos delatan que en este juicio, como en la guerra, la primera víctima es la verdad.

¿Cuántos policías y guardias civiles resultaron heridos el 1-O? Depende de quién y de cuándo los cuantifique. Los agentes "atendidos" fueron 400, reveló en el 2017 Soraya Sáenz de Santamaría; 95 testificó luego, ya obligada a decir verdad; y "ninguno", según José Antonio Nieto, responsable del operativo policial.

¿La policía abusó de la fuerza en los colegios electorales o su actuación fue proporcionada? En octubre del 2017 Enric Millo se inclinaba por la primera opción --"No puedo hacer otra cosa que lamentarlo y pedir disculpas en nombre de los agentes y de los mandos"--, pero ante el tribunal ha calificado de "ejemplar" la actuación y ha negado haberse disculpado: "Nada más lejos de mi voluntad."

¿Qué papel jugaron los Mossos el 1-O? "El mismo que en cualquier tipo de elecciones: que se pueda desarrollar una jornada electoral con total normalidad", respondía Quim Forn recién nombrado 'conseller' d'Interior. Ya en el banquillo de los acusados, y por tanto legitimado para transaccionar con la verdad, ofreció una versión distinta: "Ningún acto de los Mossos fue contrario a la Constitución (...) No les di órdenes sobre el referéndum. Una cosa es mi compromiso político con el referéndum y otra mis competencias como 'conseller'.”

¿ÓRGANO CENSOR?

¿Pudo la mesa del Parlament inadmitir a trámite las proposiciones de ley de desconexión --referéndum y transitoriedad jurídica--, cumpliendo el mandato del Tribunal Constitucional y atendiendo a su inconstitucional contenido? No podía, según la expresidenta Carme Forcadell y su sucesor, Roger Torrent, pues la mesa es una instancia "gubernativa" y no un "órgano censor". Sí podía, y de hecho debía, según le aconsejaron el letrado mayor y el secretario general de la Cámara, que así se manifestaron el lunes en el Supremo.

El tribunal dirá si hubo rebelión, desobediencia, malversación o violencia, pero lo que seguro ha sobrado, por todas partes, ha sido la cara dura.