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APUNTE

Martí Galindo, en su etapa en el programa Crónicas Marcianas.  

Gracias siempre, Galindo

Xavier Sardà

Dicen que la inteligencia es la capacidad de aclimatación. Tú has sido inteligente. Mucho. No sé qué más decir porque estoy triste y cabreado. Últimamente he leído que “la vida no debería empezar, pero si empieza, no debería acabar”.

Nos conocíamos desde que yo era bajito como tú (siempre hacíamos la coña), y decían que no tenías mucha esperanza de vida. Se equivocaron.

Nunca olvidaré tu explicación de que un día, en el recreo, te diste cuenta de que no crecías. Fue un momento concreto. Sentado en el cole y mirando a los demás se produjo el instante esencial. No creciste físicamente, pero sí personal, cultural y profesionalmente.

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Me sabe mal que digan que yo te descubrí en 'Crónicas Marcianas'. Estabas descubierto por la radio con tu Paulinet, que era un maravilloso muñeco de ventrílocuo con actuaciones mágicas ante el público. Estabas descubierto  por el teatro con obras igualmente memorables de Pirandello, Benet i Jornet o el musical 'Snoopy'. Estabas descubierto como regidor de teatro y como amante y erudito del cine y de la ópera. Estabas descubierto por la Sardà en televisión. Yo no te descubrí. Tú nos brindaste la humanidad, el sentido del humor y la sapiencia de toda una generación. Tú nos descubriste, Galindo.

 Cuando le pregunte a Rosa con prudencia si le parecía bien que te llamase para estar en 'Crónicas...', fue tajante: “Ya lo estás llamando”.

-Galindo, quiero hacerte una propuesta de trabajo para la tele.

-¿A qué hora va el programa?

-Por la noche.

-¡Ah¡, entonces sí.

Noctámbulo, frugal y entusiasta de tu gente y de la vida. El país quedó fascinado por tu forma de ser y de estar. Gracias siempre Galindo. Mil besos a tu gente más cercana. Besos a los marcianos todos.

Temas: Xavier Sardà