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La épica como recurso

Jordi Cuixart, durante su declaración en el Supremo.

TRIBUNAL SUPREMO (EFE)

La nueva pantalla del 'procés'

Emma Riverola

En el Supremo se está quebrando el espejismo del "mandato democrático" del 1-O, pero se está dibujando otra ilusión. Otra fase del 'procés'. El último logro del PP

Òmnium Cultural colocó una pantalla gigante en el Eixample, frente a su sede de Barcelona. Varias filas de asientos acogieron a todos aquellos que quisieron acercarse a ver la comparecencia de Jordi Cuixart ante el Tribunal Supremo. Teniendo en cuenta la vibrante declaración del activista, al público le debió de faltar las palomitas. Si se juzgara el grado de épica, el que fue presidente de Omnium ganaría todos los pleitos frente a una fiscalía endeble que parece habitar en un planeta muy distinto al de los acusados, más gris, más pusilánime. Este 'procés' descabezado y desnortado aún ofrece alguna alegría a sus seguidores.

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El juicio del Tribunal Supremo ha escamoteado el juicio social que los ciudadanos debían haber realizado sobre el otoño del 2017. Héroes o mártires, también algún traidor, eso es lo único que se contempla a través de la actual pantalla del ‘procés’. Se aplauden las arengas, se celebra la astucia, se ridiculiza a la fiscalía, se contempla el juicio como un combate entre esa bondad que unos se arrogan y la perfidia que se atribuye a los otros. Aún queda, quizá solo queda, la fe en la causa. No es poco. De hecho, puede serlo todo. El juicio huele demasiado a escarmiento. Injusto para los encausados, también para una sociedad que se debía un debate racional sobre lo que ocurrió. Todos los errores cometidos, que fueron muchos, quedan semiocultos tras esta nueva pantalla.  

En su intervención, Cuixart anunció que su objetivo ya no es salir de la cárcel, sino la solución del conflicto político. La expresión quizá heló la sangre de los suyos, pero dio calor a todos los sumidos en el desconcierto. ¿Qué sería del independentismo sin esas dosis de épica que le dan aliento? En la sala del Tribunal Supremo se está quebrando el espejismo del "mandato democrático" del 1-O, pero se está dibujando otra ilusión. De nuevo, erigida sobre la evanescencia de los sueños, la palabrería y la superioridad moral, esa que no se cansa de apelar a Pau Casals. Otra fase del 'procés'. El último logro del PP.