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Pequeño observatorio

Exposición en el Museu Nacional de la Tècnica i la Ciència de Terrassa

DANNY CAMINAL

Qué fuerza puede tener una palabra si es la justa, la oportuna. A veces se manifiestan con grandeza, pero también con desprecio y con indiferencia

Tengo que confesar a los lectores que, por primera vez a lo largo de mi vida, me he quedado paralizado ante la máquina de escribir. He puesto los dedos sobre las teclas, he terminado de fumar una pipa... y las teclas no se han movido. Incluso me ha parecido que me miraban como diciéndome: vamos, que pasa el tiempo y no escribes nada. De momento no me he preocupado mucho, pero pasaban los segundos y luego los minutos. He decidido estar tranquilo, tener un poco de paciencia. He cogido otra pipa, que es una opción que siempre me ha ayudado en momentos de duda.

Yo tengo un truco para recuperar el ritmo de las frases: entonar una canción con una voz un poco alta. Me parece que el ritmo de la escritura recibe una influencia muy positiva de la familiaridad con el ritmo de las canciones. Al fin y al cabo, cada palabra tiene su música.

Qué fuerza puede tener una palabra si es la justa, la oportuna. Los autores clásicos tuvieron en cuenta la importancia de las palabras y también su mal uso. Un autor árabe divulgó este aviso: "Los hombres están escondidos bajo sus palabras". Magnífica frase.

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¡Y qué poder puede tener la palabra!: Te doy la palabrate retiro la palabrapalabra de honor... Palabras que ofenden, palabras que llevan consuelo... Sus capacidades son utilizadas para expresar los sentimientos más diversos. A veces se manifiestan con grandeza, pero también con desprecio y con indiferencia por personas especializadas en herir.
 
Y es que si una palabra es "lo que se dice", me parece que también lo es con una mirada, con una sonrisa, con un gesto.
 
¿Estamos seguros de que lo que dice una palabra expresa de verdad un pensamiento? Me parece que en Italia es popular esta expresión: Parole, parole... Como si nos dijeran: no hagas mucho caso.
 
Me gusta lo que escribió Anatole France: "Es feliz porque se alimenta con los recuerdos". Pero este alimento también puede ser triste y hacer daño. La palabra puede ser un engaño o un compañero para luchar contra una triste soledad.