El puzle del espacio posconvergente

Solo a partir de un diagnóstico realista y riguroso se podrán definir objetivos estratégicos comunes y unitarios en el soberanismo

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El ’expresident’ e impulsor de la Crida Carles Puigdemont y el presidente del PDECat, David Bonvehí, el pasado enero, en Waterloo (Bélgica).

El ’expresident’ e impulsor de la Crida Carles Puigdemont y el presidente del PDECat, David Bonvehí, el pasado enero, en Waterloo (Bélgica). / EFE / STEPHANIE LECOCQ

En las dificultades del encaje entre el PDECat y la Crida Nacional per la República se concentran la mayor parte de las contradicciones del republicanismo catalán. Sin entrar en temas logísticos y de detalle, básicamente, por tres razones.

En primer lugar, por la complejidad que representa complementar dos expresiones políticas y organizativas muy diferentes: un partido político con implantación territorial y vocación parlamentaria y una organización que quiere hacer política electoral, pero con esquemas mentales propios de movimiento social. En segundo lugar, porque es un epifenómeno de la lógica lucha por la hegemonía en el campo soberanista. Como cualquier partido político, el PDECat necesita definiciones ideológicas y políticas, pero la Crida se encuentra más cómoda en discursos ideológicos emocionales y unitaristas. Y aquí aparece el tercer motivo de la complejidad: el debate sobre la unidad en el campo del republicanismo. A partir de su definición como movimiento político con fecha de caducidad, la Crida identifica la unidad del republicanismo independentista con listas electorales únicas.  

Aparte de que con ello exportan las dificultades de la recomposición del espacio posconvergente al conjunto del independentismo, este "unitarismo electoral" plantea tres problemas. En primer lugar, parece ignorar que estamos inmersos en una "guerra de posiciones" y que sin buena gobernación no habrá república; y que hay que gobernar con programas. En segundo lugar, que la transversalidad social y la pluralidad ideológica del republicanismo catalán no se puede encorsetar en expresiones electorales únicas y uniformes. Y, en tercer lugar, que lo que menos interesa al republicanismo catalán en esta fase del proceso soberanista son esquemas frentistas construidos sobre la oposición unionismo/independentismo. Ese es, efectivamente, el esquema en el que más cómodo se encuentra el nacionalismo español. Pero la línea divisoria que mejor identifica la sociedad catalana de hoy es aquella que permita dialogar democráticamente al republicanismo y al unitarismo constitucionalista: es decir, al soberanismo y al autonomismo.

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Cuatro espacios

El soberanismo catalán está articulado partir de cuatro espacios: el independentismo de izquierda alternativa (CUP), el independentismo de izquierda europeísta (ERC), el espacio magmático del independentismo que se mueve entre el PDECat y la Crida, y la izquierda cosoberanista no explícitamente independentista (Catalunya En Comú). Desde esta diversidad, el republicanismo catalán necesita compartir con urgencia los diagnósticos de la situación en la que se encuentra la sociedad catalana. Solo a partir de un diagnóstico realista y riguroso se podrán definir objetivos estratégicos comunes, unitarios. La unidad es eso, no la anulación de la diversidad y la pluralidad. Y para definir estrategias soberanistas unitarias es preciso que todos los espacios que componen el campo del republicanismo catalán se definan ideológica y programáticamente de la manera más honesta y precisa posible. También el espacio posconvergente.