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EN CLAVE EUROPEA

Igor Dodon, presidente de Moldavia. 

EFE / DUMITRU DORU

Lecciones de los comicios en Moldavia para la UE

Eliseo Oliveras

El apoyo ciego a partidos corruptos y oligárquicos 'proeuropeos' ha dañado la imagen de Europa en el país

La influencia rusa puede fructificar en la periferia por la pasividad europea ante el deterioro democrático

La derrota en las elecciones legislativas de Moldavia del 24 de febrero del oficialmente proeuropeo Partido Democrático por su corrupción generalizada y la victoria del prorruso Partido Socialista del presidente Igor Dodon muestran el fracaso de la estrategia seguida durante la última década por la Unión Europea (UE) hacia esa antigua república soviética, con un conflicto congelado en la región de Transnistria desde 1992.

El respaldo ciego de las instituciones europeas desde el 2009 al grupo de oligarcas que han dirigido el país porque se autoproclamaban proeuropeos ha llevado a la población a asociar la UE con sus corruptos políticos nacionales. Por ello, el respaldo a la UE se ha reducido pese a las ayudas financieras y la supresión del visado. El apoyo a la adhesión a la UE, que se situaba en el 78% en el 2007 en Moldavia, se limita en enero al 46%, según el sondeo elaborado por el norteamericano Instituto Internacional Republico (IRI).

El Parlamento Europeo ya denunció el 14 de noviembre del 2018 que Moldavia se ha convertido en “un estado secuestrado por intereses oligárquicos”, que controlan “el Parlamento, el Gobierno, los partidos, la administración pública, la policía, el poder judicial y los medios de comunicación”.

Sistema mixto

El Partido Socialista ha obtenido el 31% de los votos, la coalición proeuropea anticorrupción ACUM, el 26,8% y el Partido Democrático, que encabezaba el saliente Gobierno, el 23,6%, mientras que sus aliados liberales en el Ejecutivo se han quedado sin escaños. Pero el Partido Democrático, dirigido por el oligarca Vladimir Plahotniuc, ha compensado esa derrota con más escaños hasta sumar 30 de los 101 del Parlamento, gracias a la polémica reforma electoral del 2017. La reforma introdujo un sistema mixto al crear circunscripciones de un diputado que se sumaban a los escaños obtenidos con la lista nacional proporcional. La oposición proeuropea ACUM, con más votos, ha logrado menos escaños que el partido gobernante.

El Consejo de Europa y la OSCE criticaron en un informe conjunto en el 2018 esa reforma que reemplazaba el antiguo sistema proporcional, porque estimaban que la introducción de 51 escaños procedentes de pequeñas circunscripciones de voto mayoritario favorecía la manipulación del resultado electoral.

En las elecciones, la mayoría de las denuncias de fraude por intimidar a los votantes y uso partidista de fondos públicos están dirigidas contra el gubernamental y proeuropeo Partido Democrático. Maia Sandu y Andrei Nastase, colíderes del bloque opositor ACUM, incluso denunciaron una tentativa de envenenamiento gubernamental.

Desautorización

El Parlamento Europeo también tuvo que desautorizar a varios eurodiputados que se habían autoproclamado observadores oficiales en los comicios debido a sus vínculos con el Partido Sor (8% votos y 7 diputados), dirigido por el oligarca Ilan Shor, condenado por ser uno de los beneficiarios del denominado “robo del siglo”. Este fraude bancario masivo implicó la desaparición de 880 millones de euros (12% del PIB de Moldavia) de tres bancos en el 2014, que tuvieron que ser salvados por el Estado. El fraude, que el Gobierno ocultó hasta mayo del 2015, provocó la condena, entre otros, del exprimer ministro Vlad Filat (2009-2013).

El líder del Partido Demócrata, Vladimir Plahotniuc, también ha sido acusado de haber colaborado en ese fraude por el exvicedirector de la Oficina Antiblanqueo de Moldavia Mihail Gofman. En el 2016, el entonces presidente moldavo, Nicolae Timofti, vetó a Plahotniuc como primer ministro por aparecer vinculado a casos de corrupción, pero ha seguido dirigiendo el Gobierno desde la sombra.

Mientras la población se manifestaba contra la corrupción gubernamental en el 2015 y 2016, la UE siguió respaldando al Gobierno. La autocomplacencia de la UE y su pasividad frente a la corrupción y debilitamiento de la democracia por la oligarquía gobernante, en aras de su pretendido proeuropeísmo y del freno a la influencia rusa, ya había sido criticado desde el 2016 por el Centro para los Estudios de Política Europea (CEPS), el CIDOB y el Instituto de Política Mundial de Kiev, entre otros. Finalmente, la Comisión Europea se vio obligada a anunciar la suspensión de la ayuda a Moldavia en noviembre después de que el Parlamento Europeo aprobara la citada resolución sobre el secuestro del estado por la oligarquía.

Como señala Thomas de Waal, investigador de Carnegie Europe, la principal amenaza para los países de la periferia oriental de la UE no es Rusia sino su propia corrupción y debilidad democrática, que posibilitan que la interferencia de Moscú pueda prosperar. Esto se aplica, señala De Waal, a Moldavia, a Georgia y a Ucrania, que celebrará elecciones presidenciales el 31 de marzo.

Temas: Moldavia