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Lagunas en el recuerdo de testigos en el juicio del 'procés'

Desmemoria

LEONARD BEARD

La vista oral se ha instalado en un estado de irrealidad en el que el surrealismo, por no decir el esperpento, está alcanzando dimensiones estratosféricas

La memoria humana es bastante más deficiente de lo que solemos suponer, como saben bien los especialistas en psicología del testimonio. Por razones aún no muy precisadas por la ciencia, con el tiempo se va borrando de forma poco controlable, y se degrada de tal manera que el ser humano llega a generar falsos recuerdos para cubrir las lagunas que se producen en la memoria de unos hechos. Como desveló Javier Cercas en 'Anatomía de un instante', muchos españoles recuerdan haber visto en directo en televisión la entrada a tiros de Antonio Tejero en el Congreso de los Diputados, y lo cierto es que no se emitieron imágenes en directo. Jorge Luis Borges lo ilustró en un maravilloso cuento titulado 'Funes el memorioso', que relata la historia de un hombre cuya vida se bloqueaba al no ser capaz de olvidar absolutamente nada. Sin duda, la memoria ha interesado a la literatura.

Durante esta semana del proceso contra los líderes independentistas hemos asistido a una serie de declaraciones tan relevantes como a ratos sorprendentes. Ha llamado mucho la atención que Soraya Sáenz de Santamaría no supiera de muchos de los detalles operativos policiales de la jornada del referéndum del 1 de octubre del 2017, o que afirmara que conocía la mayoría de los incidentes de ese día por lo que vio en las imágenes de televisión desde la Moncloa. Tampoco recordó si la declaración de independencia de 27 de octubre del 2017 había sido publicada en el 'Diari Oficial'. Era la vicepresidenta del Gobierno. Un abogado la llegó a calificar de "testigo renuente", recordándole la existencia del delito de falso testimonio. Fue un interrogatorio durísimo que auguro que será visionado en varias facultades de Derecho en los próximos años.

Mariano Rajoy discurrió por un camino similar, aunque algo menos sorprendente en sus respuestas. Tuvo un evidente renuncio al reconocer implícitamente que había conocido una declaración anterior, lo que está prohibido por la ley de enjuiciamiento criminal. Pero la norma es una reliquia histórica en el mundo de hoy, el 2.0, porque casi todo el mundo tiene un 'smartphone'. Por lo demás, su declaración también reveló lagunas en el recuerdo de lo sucedido aquellos días que han contrastado con lo declarado por Iñigo Urkullu. Bien parecía que el interés del expresidente era sobre todo defender sus decisiones como gobernante desde el punto de vista político. Como ha ocurrido con varios de los acusados, muchos políticos se comportan como tales incluso ante los jueces.

Ojalá este proceso acabe algún día para bien. Que ni los jueces ni nadie olviden la presunción de inocencia. Ningún ciudadano estaba pensando en tomar al asalto el poder

Finalmente, Juan Ignacio Zoido, exministro del Interior, ha declarado su desconocimiento de manera expresa en cuanto a detalles básicos de la estrategia policial, viniendo a justificar ese olvido en que todo estaba en manos del "operativo", como ha reiterado muy frecuentemente. Y que él no estaba al corriente de los detalles de ese operativo, lo que es algo más que sorprendente teniendo en cuenta de que se trataba, según la fiscalía, de una "rebelión" en marcha. Bien parece que un ministro del Interior debía poner su mejor empeño intelectual en hacer frente a toda una insurrección, suponiendo que fuera eso lo que realmente pasara en Catalunya, lo cual resulta más que dudoso teniendo en cuenta esos vacíos memorísticos.

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Quizá nos hemos instalados en un estado onírico que va cambiando de lado a ratos. Se vivió evidente irrealidad en Catalunya antes del 27 de octubre porque no se iba a conseguir la independencia por más que muchísimos lo creyeran de absoluta buena fe. La irrealidad cambió de lado cuando tras la declaración de independencia, la fiscalía dio por cierto ese mismo estado de irrealidad y lo calificó jurídicamente de manera a todas luces desproporcionada. Y ahora mismo, oyendo las declaraciones, es obvio que hubo unas urnas aunque nadie sabe cómo se adquirieron, acudió mucha gente a los colegios electorales pero nadie les convocó. Hubo además un contundente operativo policial de 6.000 efectivos venidos para la ocasión, de cuyas acciones los máximos mandatarios no sabían o se enteraron solo a través de lo que vieron en televisión. El surrealismo, por no decir el esperpento, está alcanzando ya dimensiones estratosféricas.

Ojalá este proceso acabe algún día con bien. Que ni los jueces ni nadie olviden la presunción de inocencia. Y que no se olvide tampoco que los ciudadanos independentistas solamente estaban realizando movilizaciones de reivindicación o protesta, pero nadie estuvo pensando en tomar al asalto el poder. Ninguna, absolutamente ninguna institución del Estado dejó de funcionar en ningún momento en Catalunya.