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LA CLAVE

Iñigo Urkullu, tras declarar en el Tribunal Supremo.

DAVID CASTRO

Puigdemont y Rajoy, al desnudo

Enric Hernàndez

Urkullu los pone en su sitio: el expresidente sí aceptó la mediación y se resistía al 155, mientras que el 'expresident' jamás quiso la DUI y rompió el "acuerdo" por la presión de los suyos

Con un testimonio sobrio y preciso, a diferencia de otros testigos de la defensa más proclives al vedetismoÍñigo Urkullu ha dado fe en el juicio del Tribunal Supremo de la tarea de "intermediación" que en el 2017 ejerció entre el Gobierno y la Generalitat. El lendakari ha explicitado que la petición partió, en junio, de Carles Puigdemont, que un mes más tarde fue aceptada por Mariano Rajoy y que alcanzó su máxima intensidad durante el convulso otoño del 'procés'. Su exhaustivo relato desnuda las mentiras que aún hoy se ocultan bajo la propaganda oficial de uno y otro costado.

Aunque Rajoy lo había negado la víspera, Urkullu confirma que medió entre él y Puigdemont tratando de evitar el fatal desenlace de octubre, incluido un 155 al que el presidente español "no era muy dado". Una mediación similar a la que Rajoy ya recurrió ante la consulta del 9-N del 2014, lo que evidencia el fariseísmo del actual PP cuando clama contra la búsqueda de un "relator" para el diálogo sobre el futuro de Catalunya. 

Urkullu ratifica, también, que la madrugada del 26 de octubre alcanzó un "acuerdo" con Puigdemont --adelanto electoral para evitar tanto la declaración unilateral de independencia (DUI) como la aplicación del artículo 155-- y que el entonces 'president' se ratificó en el pacto la mañana siguiente, pero luego lo rompió porque "las personas en la plaza Sant Jaume se le estaban rebelando y tenía presión en su grupo". Se desvanece, así, la coartada del 'expresident', que siempre ha culpado del desacuerdo a la ausencia de garantías por parte del Gobierno español.

UNA SIMPLE ENGAÑIFA

Según el lendakari, en los mensajes que trianguló "en ningún caso" se planteó el derecho a la autodeterminación, y Puigdemont "en modo alguno tenía el deseo de hacer la DUI", contra lo que había prometido a los catalanes llamados a votar y proteger las urnas el 1-O.

El acta del mediador corrobora así lo que los hechos y los testimonios de los procesados en el Supremo ya han acreditado: que el 1-O era más movilización que referéndum, la DUI fue una farsa y la promesa de la república catalana, una simple engañifa.