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La declaración

Artur Mas declara en el Supremo.

TRIBUNAL SUPREMO

La experiencia de Mas

Rafael Jorba

El testimonio del expresidente de la Generalitat evidencia que la cuestión que se juzga es la vía unilateral hacia la independencia

La experiencia es la virtud más inútil que existe; también en política. Cuando se tiene, sirve de bien poco; tampoco se puede transmitir a los que carecen de ella. Así se ha evidenciado hoy en el proceso del 'procés' con la comparecencia de los tres primeros testigos catalanes: el diputado Joan Tardà, el 'president' Mas y la exdirigente del PDECat Marta Pascal. Empecemos por el segundo, por la experiencia de Mas.

El expresidente ha testificado en clave jurídica y política. Jurídicamente, ha explicado que su sucesor, Carles Puigdemont, había optado por la vía unilateral, pero Mas alertó que la unilateralidad “no debía ser ni la primera, ni la segunda, ni la tercera opción”. Y, políticamente, ha dicho que Puigdemont tenía en sus manos un botón de emergencia: “No abandonéis nunca la posibilidad de convocar elecciones porque es donde la Generalitat tiene capacidad de control”. Pascal ha abonado esta misma línea testifical: “Cuando se me pidió la opinión sobre la vía unilateral, dije que eran mejor otras opciones”.

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Resumiendo, además de entregar la iniciativa política al adversario, Puigdemont apretó el botón equivocado: el de la unilateralidad. Porque los procesados no lo son por su ideario independentista, sino por haber promovido la vía unilateral: las leyes del referéndum de autodeterminación y de transitoriedad jurídica, la consulta del 1-O y la declaración de independencia.

Con los saltos de pantalla hacia delante y hacia atrás, Puigdemont no solo alteró la hoja de ruta soberanista, como ha recordado hoy Mas, sino su argumentario: se empezó hablando de “derecho a decidir” como sucedáneo del derecho de autodeterminación y se acabó aprobando un referéndum de autodeterminación que echaba por tierra aquel artilugio. Porque la autodeterminación es un derecho -desde la creación de las Naciones Unidas se ha aplicado a países sujetos a dominación colonial, racista o extranjera-, pero en los estados de derecho solo rige en el sentido de principio democrático.

El 'president' Mas ha evocado también “la experiencia de Escocia”. En efecto, David Cameron firmó el acuerdo de Edimburgo con el entonces ministro principal de Escocia, Alex Salmond, y accedió a transferir temporalmente al Parlamento de Holyrood la facultad de convocar un referéndum. Aquella consulta, como recordó Salmond, no fue un regalo: “Escocia luchó durante seis décadas, y durante muchos años el Reino Unido se opuso”. Tampoco en el caso de Quebec, donde rige la ley de Claridad (2000), existe una vía unilateral.

En resumen, a estas alturas del juicio, de los cuatro tipos penales que se esgrimen -rebelión, sedición, malversación y desobediencia-, los dos primeros han sido poco o nada fundamentados, el tercero es objeto de pruebas y testimonios no concluyentes, y solo el cuarto -la desobediencia- se abre camino de una manera fundamentada.

Dejo para el final el testimonio del republicano Tardà. Me quedo con una frase: “Ni la unidad de España ni la independencia de Catalunya valen la más mínima violencia”. Esta es la experiencia que todos deberían sacar del caso que se ventila en el Supremo.