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análisis

Manifestantes en contra del brexit junto al Parlamento británico en Londres.

AP / FRANK AUGSTEIN

La traición del 'brexit'

Josep Martí Blanch

El extremismo viene adueñándose de todos los hemiciclos y cualquier elemento que tienda a introducir algo de razón y pragmatismo en los debates es vituperado y menospreciado

Es interesante contabilizar las ocasiones que en los medios británicos aparece la palabra traición para referirse a las decisiones que van tomándose a medida que avanza el calendario para hacer efectivo el 'brexit'. Con pocas horas de diferencia, uno de los hombres sin los que es imposible explicar el 'brexit', el ultranacionalista Nigel Farage, escribía en 'TheTelegraph', que la traición total al 'brexit' estaba muy cerca y el rotativo 'The Sun', por su parte, acusa de traición al líder laborista, Jeremy Corbyn, por apoyar un segundo referéndum. Hace tiempo que la traición forma parte del vocabulario político en el debate del 'brexit', pero ha ido en aumento a medida que el asunto se complicaba y convertía en inviables las promesas facilonas y demagógicas que en su día se realizaron.

Para todos los extremistas, independientemente de cuál sea el conflicto, la traición es todo aquello que signifique tocar con los pies en el suelo. Lo que pasa es que como el extremismo viene adueñándose de todos los hemiciclos, cualquier elemento que tienda a introducir algo de razón y pragmatismo en los debates es vituperado y menospreciado. Pasa en el Reino Unido y pasa en otras partes que ustedes conocen muy bien.

La primera ministra, Theresa May, ha solemnizado que el control del 'brexit' pasa del ejecutivo al legislativo. Si su acuerdo con la UE, con los retoques que pueda conseguir a última hora, no se aprueba cuando se someta de nuevo a votación, los parlamentarios podrán vetar que el Reino Unido se marche de Europa sin acuerdo y también tendrán en su mano dar luz verde a una prórroga que alargaría el periodo de negociación más allá del 29 de marzo, fecha inicialmente prevista para poner punto y final a su permanencia en la UE.

Un farol

Lo más importante es que May ha cerrado la puerta a que su país abandone la UE de manera caótica. El farol con el que la 'premier' ha jugado durante un tiempo ha desaparecido de escena. O hay acuerdo o hay prórroga. Así están las cosas. Claro que, para la prórroga, algo deberá decir la UE, la contraparte de toda esta historia. Añadan, en el colmo del despropósito, que, con la vista puesta en las próximas elecciones europeas, el Reino Unido quizás deberá participar en los comicios si esa prórroga se hiciera efectiva ¿Una campaña electoral para escoger eurodiputados con el ambiente actual? Ningún guionista podría mejorarlo.

May ha puesto nuevas cartas encima de la mesa. El mensaje que emite con sus concesiones, previa amenaza de diputados y miembros del Gobierno de abandonar el barco 'tory' es que, o bien su acuerdo obtiene la luz verde en Westminster o no hay 'brexit' a la vista, digan lo que digan los resultados del referéndum. Todo ello sumado al giro laborista, que ahora sí apoya la convocatoria de un segundo referéndum después de deshojar la margarita durante meses y meses.

Los 'brexiters' duros deberán decidir si su inflexibilidad del todo o nada se mantiene como una roca como hasta ahora o, en un ejercicio de pragmatismo -traición, en su vocabulario-, y viendo cómo se aleja la posibilidad de abandonar la UE en una fecha determinada, dan finalmente su brazo a torcer y apoyan el acuerdo de May que es, a sus ojos, un 'brexit' de mentirijilla. Ahora saben (de hecho lo sabían) que es el único posible.