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Dos miradas

Toni Albà durante el pregón alternativo de la Mercè.

FERRAN NADEU / ELISENDA PONS

Triste y ruin

Emma Riverola

Quienes jalean, perdonan o consienten atropellos y desvaríos como el boicot de Colliure, el ataque a CCOO o el sectarismo de Toni Albà también son cómplices

Hay algo peor que llamar fascistas a familiares de republicanos exiliados tras la guerra civil y tratar de boicotear el primer acto de solicitud de perdón del gobierno democrático español con víctimas del franquismo. Hay algo peor que atacar la sede de CCOO blandiendo un nacionalismo que juega a las barricadas o llamar huelga general a un paro con una incidencia mínima en la industria e impulsado por el Govern. Lo verdaderamente triste y ruin es buscar excusas para tratar de maquillar tanta deslealtad a la memoria y la realidad.

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Ya sabemos que el aparato propagandístico es el mayor éxito del ‘procés’. Sabemos que los medios públicos están al servicio del maquillaje, del relato y de lo que haga falta. Y también sabemos que, por creencia, talonario o vanidad, hay un enjambre de ‘influencers’ mediáticos siempre dispuestos a denigrar cualquier acto o propuesta que parta de la ribera sur del Ebro y a regalar argumentos para salvar la cara -qué misión más ardua- de los suyos.

Esta Catalunya con jirones se está convirtiendo en una carga muy pesada para buena parte de su población. La ‘estelada’ no puede cubrirlo todo. Quienes jalean, perdonan o, simplemente, consienten tantos atropellos y tanto desvarío, también son cómplices. Entre la Catalunya independiente que dicen anhelar y la que están dejando hay un trecho tan largo como el que separa el humor del sectarismo machista y despreciable de Toni Albà.