MAYORÍAS DIVERGENTES

El voto dual ante el 28-A

Cualquier proyecto político que no pondere tanto los resultados de las elecciones al Parlament como los de las generales ignorará el pluralismo político de Catalunya

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Momento de la fotación en un colegio electoral. 

Momento de la fotación en un colegio electoral.  / EFE / PACO CAMPOS

Desde las primeras elecciones democráticas de los años 70 y 80, en Catalunya ha venido manifestándose el fenómeno conocido como 'voto dual': los partidos nacionalistas de ámbito no estatal ganan invariablemente las elecciones autonómicas, mientras que los partidos de ámbito estatal o con un referente estatal ganan invariablemente las elecciones legislativas españolas.

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La última secuencia de elecciones autonómicas y legislativas, cuando el 'procés' estaba en marcha y ya se había producido la consulta del 9-N, no fue ninguna excepción a esta regla. El 27 de septiembre de 2015, en las elecciones que Artur Mas planteó como plebiscitarias, la suma de Junts pel Sí y la CUP alcanzó el famoso 47,8% de los votos que dio al unilateralismo una mayoría parlamentaria indiscutible pero le escatimó el respaldo social suficiente para legitimar su proyecto de secesión por la vía rápida. Pues bien, solo tres meses después de aquella jornada histórica (recuerden a Artur Mas a las puertas del Born proclamando su victoria en cuatro lenguas), se celebraron elecciones legislativas españolas, y la suma de CDC y ERC (la CUP no se presentó), lejos de revalidar victoria cuatrilingüe, hubo de contentarse con un modesto 31% de los votos y 17 de los 47 escaños en juego.

Como es sabido, aquella legislatura naufragó tristemente y al cabo de seis meses se tuvieron que repetir las elecciones: el 26 de junio de 2016, los tozudos electores catalanes volvieron a dar a la suma de CDC y ERC exactamente 17 de los 47 escaños en juego, esta vez con el 32% de los votos, solo un punto por arriba de la votación anterior.

¿Continuidad o cambio?

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Ahora que tenemos elecciones legislativas españolas nuevamente en perspectiva, surge la pregunta de si se mantendrá el patrón de los últimos decenios: ¿los partidos de ámbito estatal lograrán la rotunda victoria habitual? ¿O la suma de ERC y JxCat (o sea cual sea la marca con que el PDECat concurra a las elecciones) logrará imponerse al resto de fuerzas por primera vez en la historia? De momento los sondeos parecen apuntar en la primera dirección: en la media de encuestas publicada por este mismo diario, ERC gana los tres escaños que pierde el PDECat, con lo que la suma de ambos se mantiene en 17, muy por debajo del 'sorpasso', que se sitúa en 24 escaños, y muy lejos del récord que estableció el PSC en 1982 y repitió en 2008 al hacerse con 25 escaños de los 47 que corresponden a Catalunya.

Ahora que en el salón de plenos del Tribunal Supremo se debate sobre la ponderación del principio democrático con el imperio de la ley, reflexionar sobre el voto dual puede ser instructivo. Cualquier proyecto político con vocación de futuro en Catalunya debería ser capaz de ponderar la voluntad popular expresada en las elecciones autonómicas (también en el referéndum del 1-O) con la que se suele expresar en las elecciones legislativas españolas. Contar con solo una de las dos significa ignorar el pluralismo político de Catalunya y prolongar el conflicto que nos ha llevado al Supremo.