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Al contrataque

El papa Francisco abre el encuentro para la Protección de la Infancia en el Vaticano. 

Vincenzo Pinto / AP

Machismo con faldas

Najat El Hachmi

Francisco, que estaba llamado a ser el pontífice de mentalidad abierta, tan distinto de sus predecesores, no deja de ser lo que han sido siempre él y todos los que forman parte del régimen teocrático

¿Por qué en unas jornadas dedicadas a tratar los abusos sexuales en el seno de la Iglesia el Papa de Roma acaba soltando, tan tranquilo, un titular contra el feminismo? Es evidente que se trata de una maniobra de distracción. Las constantes denuncias, tanto de víctimas que sufrieron las agresiones cuando eran menores como de mujeres en edades adultas, demuestran que la cuestión de fondo está íntimamente vinculada a la estructura de poder que es la organización religiosa. Pero Francisco, que estaba llamado a ser el pontífice de mentalidad abierta, tan distinto de sus predecesores, no deja de ser lo que han sido siempre él y todos los que forman parte del régimen teocrático que aún intenta recuperar la influencia perdida sobre el mundo: un machista con faldas. La frase que soltó después de la intervención de Linda Ghisoni, experta en derecho canónico, fue: “todo feminismo acaba siendo un machismo con faldas”. Igual con tanto hombre que la llevaba hasta los pies, la falda, el buen hombre de Dios confundió feminismo con machismo, a saber.

Es un Papa posmoderno este: se acerca a la gente, va sin papamóvil, coge el micro en los vuelos de larga distancia como si de un cómico de 'stand up' se tratara pero sigue diciendo las mismas tonterías de toda la vida: que la mujer es mujer en tanto que esposa y madre, que su cuerpo es, por encima de todo, el receptáculo de la vida, elevada función la de procrear a la que parece ser tenemos que aspirar todas. Es un signo de los tiempos, esta estampa, que el uso de tecnologías avanzadas, de formas de comunicar menos rígidas cree el espejismo de progreso. Pero el progreso no está en el método por el que se transmite un mensaje; cualquiera tiene hoy al alcance manuales de comunicación, de 'marketing' digital muy efectivos.

Las viejas estructuras, rancias cuando se nos presentan tal cual son, pueden llegar a resultar atractivas pasadas por el filtro de la buena gestión de la propia imagen. Un Papa con Twitter, ¡qué modernidad! Incluso a mi me llegan por WhatsApp cada dos por tres sermones de imanes de barbas largas que dominan la cámara como si Dios les hubiera agraciado con la capacidad de seducirla y comparte, me dicen al final de sus discursos, comparte a través de las redes y dame 'likes'. ¿Quién puede desconfiar de alguien que utiliza instrumentos propios de las generaciones más jóvenes? Que también los barbudos se empeñen en recordarme que el islam me reserva un lugar privilegiado en tanto que esposa y madre y tapada da igual.

Mientras tanto, en la calle, las víctimas pusieron el foco en la conclusión evidente del encuentro: que no hay medidas concretas para acabar con la lacra, que no han sido escuchadas ni satisfechas sus demandas, que el discurso papal se ha centrado mucho más en lo que pasa fuera que dentro de la Iglesia y que ha venido a culpar al demonio de lo que son comportamientos muy concretos de hombres muy concretos.