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Alan Alda (segundo por la izquierda), con el resto de protagonistas de la serie M*A*S*H.

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'M*A*S*H'

Mikel Lejarza

El próximo 28 de febrero se cumplirán 26 años del capítulo final de la serie ‘M*A*S*H’. Aquella última emisión se convirtió en su día en la más vista de la televisión estadounidense hasta entonces, récord que perdió a manos del episodio de ‘Dallas’ en el que se desvelaba quien había disparado al malvado J.R.

 ‘M*A*S*H’ era una comedia inspirada en la película del mismo título que dirigiera Robert Altmanque a su vez estuvo basada en una novela de Richard Hooker; y a lo largo de sus 11 temporadas y 251 episodios se convirtió en la mejor comedia antibélica de la historia. Cuando se estrenó, la guerra de Vietnam estaba en su apogeo y los guionistas de la serie utilizaron una guerra anterior, la de Corea, para criticar a base de risas e irreverencia los conflictos bélicos. Protagonizada por el siempre divertido Alan Alda en su papel de médico descreído, ligón y travieso, la acción transcurre en un campamento médico de urgencias dedicado a tender a los heridos que llegaban del frente. La serie se abría con una canción que ya dejaba claro el tono irónico e inteligente de lo que vendría a continuación. Se titulaba ‘Suicide is Painless’ (‘el suicidio es indoloro’) y era también la banda sonora de la película.

'M*A*S*H', ambientada en un hospital de campaña, es la mejor comedia antibelicista de la historia

La canción estaba compuesta por Johnny Mandel y Mike Altman, hijo del director del filme, que por aquel entonces tenía solo 14 años de edad. En mayo de 1980 llegó a ser el número en los ‘charts’ británicos de la época, lo que llevó a Robert Altman a declarar que su hijo había ganado mucho más dinero con los derechos de la canción, que él mismo por haber dirigido la película.

Pero lo más atractivo del proyecto residía en la valentía de los productores, que se atrevieron a tratar con inteligencia un tema tan delicado como es la guerra cuando su propio país se encontraba inmerso en una de las más cruentas que se recuerdan. Si en toda ‘sitcom’ tradicional que se precie hay un salón o un bar en el que se encuentran sus protagonistas, en ‘M*A*S*H’ ese lugar era un quirófano siempre abarrotado, desorganizado y bajo unas tiendas de campaña donde los cirujanos que intentaban salvar la vida de los soldados gravemente heridos mantenían picantes conversaciones con las enfermeras en un tono que hoy sería duramente criticado como machista.

Sospecho que hoy no sería posible una serie que se mofa de cualquier forma de autoridad

En un episodio y ante la falta de sangre para trasfusiones y de médicos debido a una epidemia de gripe, un auxiliar grita: “¡Habrá que cerrar el hospital!”, a lo que Hawyeke, interpretado por Alan Alda, le contesta que lo que habría que cerrar sería “la guerra”. Ese era el motivo fundamental de unos guiones geniales capaces de hacer reír, con un trasfondo capaz de helar la sangre de los televidentes.

Desde que finalizara ‘M*A*S*H’,  ha habido cambios considerables en la sociedad y en el sector del audiovisual, muchos de ellos para bien; pero aunque creamos que vivimos en la época de mayor pluralidad en la oferta de contenidos al alcance de los televidentes, sospecho que hoy no sería posible una serie así, en la que sus protagonistas se mofan de cualquier forma de autoridad y de todo lo que suene a políticamente correcto, ya en el ejército como en el campo de las creencias. Pero hubo un tiempo en que si fue posible.