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La huella de Lucia Berlin

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Lucia Berlin en México, en 1956. 

Lucia Berlin en México, en 1956.  / PAUL SUTTMAN

A veces se reedita un título que estaba en el olvido y, de repente, con el entusiasmo de toda una nueva hornada de lectores, se libera no sólo esa obra, sino una forma de narrar que es como si antes hubiera errado la época. Sucedió con la recuperación de Sandor Marai, a partir de 'El último encuentro', y unos años después con 'Stoner', de John Williams. El último caso, y tal vez el más relevante de esta resituación temporal, son los cuentos medio autobiográficos de Lucia Berlin, primero con el 'Manual para mujeres de la limpieza' y recientemente con una nueva antología excelente, 'Una noche en el paraíso' (ambos en Alfaguara). En este caso, con el recurso más o menos velado de las casas donde vivió, Berlin describe varios episodios de su infancia y juventud y, sobre todo, nos sitúa frente a una época, un puñado de personajes inolvidables y una mirada más bien salvaje sobre las relaciones humanas y familiares, el amor, la maternidad.

El éxito global de la escritora quizá ha espoleado a los editores a buscar otras voces que reclaman una segunda oportunidad

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Como nada ocurre porque sí, el éxito global de Lucia Berlin quizás ha espoleado a otros editores a hurgar en la gran cantera de la narrativa norteamericana, en busca de voces -sobre todo de mujeres- que reclaman esa segunda oportunidad. Así ahora se pueden leer traducidos los cuentos de Gina Berriault en la antología 'Mujeres en la cama' (Jus ediciones), que en 1996 fue premiada por un jurado en el que estaban Cynthia Ozick Tobias WolffBerriault, que murió en 1999, escribe historias introspectivas en que el alma humana es desollada sin muchas manías, pero con el contrapunto de una emotividad intensa.

En la línea de ficción personal, cercana a la autobiografía, también hay que leer 'Noches insomnes' (Navona), de Elizabeth Hardwick. Fallecida en elo 2007, Hardwick era más conocida como ensayista y crítica literaria. Su novela es un intento de reconstruir los recuerdos de una vida, reflejada sobre todo en los demás: gente a la que conoció, y que pueden ser escritores fracasados, prostitutas como mujeres de la limpieza. Gina Berriault Elizabeth Hardwick tienen -al igual que Lucia Berlín- el don de la observación, esa frase que ilumina siempre lo que cuenta, incluso en los rincones más oscuros.